quarta-feira, 27 de novembro de 2013

La Reina Luna




      • Reina Luna


        La noche amazónica les cayó alrededor, pero ninguno pudo notarlo.  La penumbra de aquellos parajes era idéntica las 24 horas.  Día y noche eran la misma cosa, y podían pasar horas sin que notaran el paso del tiempo, excepto Khun; él adivinaba primero que todos la puesta del sol con precisión, por el zumbido de sus orejas.  A eso de las 6:30 de la tarde ecuatorial, desde muy, muy lejos, la densa risa de las boas se encendía, acompañada de una ligera variación en los atonales gruñidos de millones de insectos.  Khun poseía el raro don de escuchar lo que los oídos de los hombres no captaban.  Esa era su ventaja.

        Avanzaron a toda marcha durante aquel pedazo de tiempo indivisible, abriéndose paso a machetazos y espiando con sus linternas entre la maleza y el fango.  Anduvieron a toda marcha a través del monte abriéndose camino y, conforme avanzaban, una cortina de luz fría y monótona empezó, por fin, a ganar campo y colorear de gris los húmedos y oscuros contornos de las cosas.  Por fin, después de semanas, apagaron el farol, y continuaron por el sendero que rodeaba el fangoso arroyo.  La corriente de agua era como una cuerda de salvataje que los apoyaba con su fuga.  Fue cuando Zambo y Erasmo llevaban el turno de cargar con el cuerpo de Phil que, finalmente, llegaron junto al lecho del río Sangriento, adonde desembocan todos los arroyos de la región.  Era plena noche, pero la luna y las estrellas se les impregnaron en los ojos como si concentraran la claridad del mediodía.  Con la impresión, a Zambo y a Erasmo se les escapó Phil de las manos, y su cuerpo cayó sobre un charco del que saltaron despedidas una decena de alimañas.  Nadie cayó en la cuenta.  Ni Zambo, ni Erasmo, ni Khun, ni el Profesor, ni los indios: Cacique y Xavier.  Andaban atontados con las luminarias que coronaban la noche.  Nadie se merecía que le negaran el cielo, pensó Khun.  Nadie

        Descargaron el cadáver junto a la orilla.  Lo depositaron sobre unos troncos que yacían ya preparados, sobre la arena, junto con el campamento del cual habían partido a su campaña en las tinieblas.  Con el cuerpo ya descansando sobre los troncos, se fueron arrodillando y estuvieron llorando más de una hora al lado del cuerpo de Phil.  La selva tiene un poder atroz con los muertos.  Los despedaza sin piedad en pocas horas.  No había nada de romántico en los morados jirones de su piel hongueada, devorada por los gusanos.  En unas horas más, su cadáver no se parecería a nada vivo.  Podría ser el de una bestia, un hombre, hasta el de un demonio amazónico.  Allí estaba, arrodillado a sus pies y cubriéndose el rostro sudado de lágrimas, a pecho descubierto, el Zambo Juan, su cuñado.  De la boca se le escapaba un hilo de baba y, con frecuencia, exprimía el puño izquierdo y pronunciaba unas palabras ininteligibles.  Parecía ser el rezo a una virgen negra que Erasmo le había enseñado a adorar.  Nossa Senhora de Aparecida.  Quizás no fuera ella, sino otra diosa que adorara antes de su cristianización: Jemanjá, la que pacifica los mares.  O, tal vez, le rezaba a otro dios, al Cristo Moreno, al Señor de los Milagros, que había conocido en su juventud cuando militaba en la secta que lo adoraba.  Daba igual. Con esas oraciones quería convocar a espíritus del bien  que lograran silenciar en su cabeza la insoportable negrura de la noche demoníaca que lo había casi vuelto loco durante cinco semanas. 

        Al lado del Zambo, estaba Erasmo, el tranquilo mercenario brasilero.  No sonreía, pero por dentro él sí se sentía feliz, a pesar de la trágica muerte de Phil.  No era que no hubiera amado al simpático bromista, al inglés charlatán y bueno con el rifle.  Su muerte era una pérdida tremenda, pero  ¡Tavamos vivos Merda!, rumiaba para sí.  Ellos, la misión más suicida de la British Rubber Company, eran, muy probablemente, los primeros hombres civilizados que escapaban con vida de aquella región maldita.  Y los primeros que lograban cumplir, más o menos, con su misión.  A la inmensa e impenetrable porción de jungla que yace al este de la confluencia del río Sangre con las lagunillas de Mujeres se la conocía, simplemente, como La Mugre del Amazonas.  En ese allá que se había tragado ya a cinco expediciones, la suya había conseguido sumergirse bajo la negrura de sus copas y emerger de ella con vida.   Habría, también, momentos para celebrar, pensaba Erasmo.  Lo que habían conseguido haría historia en los diarios de Londres y de toda Europa, sin duda.  Serían muy famosos.

        Erasmo miró alrededor.  También estaban allí Cacique y Xavier arrodillados al lado del cadáver, inexpresivos, los dos únicos indios que sobrevivieron.  Los consideraba hábiles y valientes para su raza.  Si no hubiera sido por ellos, los salvajes a serbatana limpia hubieran asesinado a todo el equipo.  Fueron ellos quienes casi salvaron a Phil al rescatarlo de la zanja.  Lo desamarraron y a saltos intentó llegar hasta el parapeto. Pero un dardo venenoso y final le había rozado la pierna durante el escape, y eso había sido suficiente.  No existía poción, ni siquiera la más secreta que Cacique supiera preparar, que hubiera podido salvarlo de ese veneno negro como la noche .  Detrás de ellos, con los brazos cruzados y un dolor que le desbordaba por los ojos, observaba el rito el Profesor.  Era poco lo que quedaba de un cuerpo hermoso y trabajado.  Ahora vestía jirones de músculos exprimidos y demasiadas cicatrices.   Su pensamiento, aún sumergido en la penumbra, rondaba como un fantasma por el fango y la maleza.  El fuego de las estrellas lo iba calmando, pero él aún no conseguía espantar la niebla que le había invadido el alma.  Sintió que se desvanecía, y tuvo que apoyarse en Khun para no irse de cara contra el suelo.  Los dos indios tomaron la pira y la empezaron a arrastrar.  Khun continuó llorando hasta que soltaron la pira encendida sobre el cauce del río.  Se iba su amigo de la vida, el que lo había salvado muchas veces de los dardos envenenados de esos indios del demonio.  Había entregado su propia vida a cambio.  Él no olvidaría eso. 

        Allá se iba Phil, el médico borracho y lúcido que sabía preparar todos los cocktails oficiales del Imperio Británico.  Perduraría en el recuerdo de sus amigos su bebida a base de azúcar refinada, con hojas de coca y flor de opio, que los había salvado de caer totalmente enfermos de tiniebla cuando deambulaban perdidos en la penumbra de La Mugre.  Él fue el más prudente de todos, murmuró para sí Khun: el único que no había querido adentrarse en la espesa noche eterna, pero que, al ver a sus amigos en peligro, no había dudado en entregarse a las garras oscuras de la jungla.   Había muerto por sus amigos.  

        El bote avanzó, lentamente, sobre las aguas espesas, y el fuego que consumía al cuerpo compitió con la luz de la luna un buen rato hasta que no fue más que una finísima línea en el horizonte.  La luna, en cambio, continuaba allí, arriba y del mismo tamaño, una pelota que inflamaba los ojos de los viajeros, desacostumbrados ya con el cielo y con sus luces.

        Luego de la ceremonia, se abalanzaron sobre las provisiones que habían almacenado en el campamento, antes de partir.  Nada que un cristiano supiese comer o cazar vivía en la mugre.  Sólo hormigas, gusanos y otras criaturas repugnantes.  Sin un depósito de seguridad esperándolos, no valía la pena que escaparan vivos de la Mugre, porque igual morirían de hambre al salir.  Y en la selva exterior, aunque era un poco menos pobre, un hombre debilitado no conseguiría cazar ni un miserable ratón.  Con velocidad, abrieron las cajas.  Quebraron los sellos impacientemente.  Rasgaron las bolsas y desparramaron las viandas sobre el suelo. Hubiera sido difícil describir quién hacía qué.  Sería como querer distinguir qué lobo había mordido cuál parte de un venado durante la cacería.  Una ferocidad animal les embargó la voz, y sólo fueron excepción los gruñidos del portugués que al Profesor le recordaron los aullidos de un animal que había cazado en las salvajes llanuras de Tasmania.  Nadie pensaba.  Las manos sólo conocían el frenético ritmo de llevarse la húmeda harina a la boca.  Finalmente, fueron quedando, uno a uno, satisfechos.  Bebieron del agua que Khun había dispuesto, previamente, a hervir.   Se sintieron personas de nuevo.  Zambo, sentado sobre un tronco, se sobaba la panza con satisfacción.  El profesor y Cacique rescataron unas pipas que habían enterrado rellenas con algo de tabaco dentro de un tronco seco.  Encendieron sus pipas y se dedicaron a fumar.  Erasmo y Xavier destaparon varias botellas de aguardiente que se atragantaron hasta quedar completamente borrachos.  Fueron abriendo más botellas aún, y todos bebieron hasta que los ojos, anestesiados, ya no se irritaban con el cielo iluminado de estrellas. 

        A dormir, les ordenó Khun, el capitán.  Habían pasado siete días sin pegar un ojo en su viaje por el corazón de la tierra negra y, si no tenían cuidado, en unas horas les arrasaría los ojos la luz del sol cuando lo vieran por primera vez.  Olvídense de las estrellas, las podemos ver mañana en la noche.  El sol les va a destrozar los ojos si no se duermen. En pocos minutos, estaban todos dentro de sus carpas, profundamente dormidos.  Sólo Khun, quien había tomado la primera guardia, permanecía despierto.

        Se soñó otra vez en la negrura de La Mugre, pero esta vez andaba solo.  Hubiera querido gritar por auxilio, pero la garganta no le respondía.  Y no veía absolutamente nada.  El gas del farol se había extinguido.  Tampoco le funcionaban los oídos.  Parecía habérsele estancado la sangre dentro de sus conductos.  El fuerte zumbido líquido de la sangre embolsada no lo dejaba concentrarse.  El zumbido disminuyó con el tiempo, y una débil luz restableció algo de visibilidad dentro del inmenso pantano negro.  Creyó escuchar la voz de su madre llamándolo desde la oscuridad.  Quiso acercarse a esa voz.  Pero el zumbido reventó como una ola dentro de su cabeza, y la luz se extinguió sin preaviso.  En medio de la penumbra, lo empezaron a tocar.  Primero, fueron caricias suaves que creyó ser las de su madre.  Luego, vinieron golpes fuertes e inhumanos, y mordidas.  Un gruñido de fiera incontenible atravesó el zumbido de sus oídos, y sintió que unos dolorosos colmillos le atravesaban la piel y le devoraban las entrañas.  Es el final, pensó.  Es el final, escuchó decirle a una voz de mujer que no era ni la su madre, ni la de ninguna mujer que hubiera conocido.   

        Se despertó sudando.  Los ruidos de chapoteo lo habían  devuelto a su mundo.  Algún animal habría bajado a beber agua, y la potencia de sus oídos había captado los chapoteos de la fiera.  Lo primero que sintió fue vergüenza por haber sucumbido al cansancio.  Se preciaba de su habilidad militar para controlar su vigilia, pero también era cierto que todo tenía sus límites.  No podía ser tan duro con sí mismo.  El viaje lo había extenuado.  Y sus sensibles oídos mantenían, a pesar del agotamiento, esa capacidad impoluta de captar los mínimos ruidos peregrinos.  Decidió que no iba a prestarle atención a una vibración tan insignificante.  De seguro, la bestia terminaría de beber pronto, y se marcharía hacia lo crudo de la selva.  Pero el sonido continuó más allá de lo esperable, y algo con el chapoteo del agua empezó a inquietarlo.  No sabría explicarlo: sus oídos funcionaban extrañamente, y se mezclaban con sus otras maneras de percibir.  Ni él mismo conseguía interpretar racionalmente algunas de las sensaciones que experimentaba. Algo en el sonido le sabía a pesado, lento, salado.  Ninguna fiera bebería agua con tanta calma a esa hora.  Decidió levantarse y espiar a esa fiera.  No se tratara de un otorongo o, peor aún, de una banda de monos ladrones.

        No vio al animal.  En cambio, allí estaba ella, de pie, cubierta hasta las rodillas por el agua de la laguna.  La luz de la luna reflejaba su cuerpo color papaya sobre el agua y formaba fantasmagóricas imágenes que se dispersaban con las olas.  Caminó hacia su lado de la playa.  Un halo de luz la rodeaba y, junto con esa luz, despedía el aroma de una santa aparecida. 

        Él caminó hacia la criatura solitaria.  Pudo acercarse algunos metros y observar su rostro simétrico como un escudo y bello como un farol de gas encendido.  Sus ojitos estaban desorbitados y enrojecidos.   Habría bebido un alucinógeno, tal vez un compuesto con peyote o ayahuasca, pensó.  Pero no por su trance dejaban de ser hermosos aquellos ojos: dos pequeños planetas negros y borrachos que absorbían su mirada.  De esos ojos se desprendía una magia que le chorreaba por el cuerpo, le recorría los pechos de caracol y bordeaba sus pezones negros como puro carbón inglés.

        Iba completamente desnuda. Poseía la cintura de una niña adherida a unas caderas anchas, fértiles.  Más que una mujer, parecía la hembra de un insecto.  Inclinaba las caderas levemente hacia adelante, como buscando percibir lo que le rodeaba con su sexo antes que con sus ojos.  Su vagina descubierta no tenía vellos, y por ello destacaban sus labios y clítoris rojizos rodeados de arcanos tatuajes y diseños en tinta blanca y roja.  Su sexo era un elaborado arreglo de flores coronado al medio por la más delicada orquídea.  Por algún motivo, él supo en seguida que esa niña y mujer era un virgen.  Y pensó, también, que era una virgen por algo.  Para los indios era, tal vez, una diosa.  La luna le iluminaba el cuerpo mientras recorría las aguas invadida de su trance.  Imaginó, al admirar su cuerpo desde lejos, una hormiga reina que aún volaba por el campo eligiendo el lugar adecuado para fundar su colonia.  Le había tocado contemplar los últimos momentos de vuelo, antes de que se topara con un macho que la montara.  Luego, perdida su virginidad perdería las alas y se encerraría bajo interminables laberintos a parir hijos sin freno.  Aquella niña aún conservaba sus alas.  Eso lo intuía Khun; sabía que los indios preservaban a algunas de sus mujeres por motivos más allá del entendimiento de un civilizado.  Y esta mujer, encima, provenía, sin duda, de La Mugre.  Lo intrigaba la causa de su existencia y el por qué habría escapado de la tutela de su tribu una criatura cuyo aspecto evidenciaba su importancia.  Indudablemente, ella debía ser el eje central de alguna de las más importantes de sus ceremonias.  ¿Se habría atragantado de brebajes y loca, se habría perdido de su camino? ¿O los que se habrían emborrachado eran sus guardas?  La inminencia del peligro lo envolvió.  Sería una trampa, tal vez.  Lo mejor era darse media vuelta y no meterse con aquella santa, pensó.  Quiso obedecerse, quiso evitar mirarla.  Pero aquella mujer bañada por la luna lo atraía con sus ojos negros y rojos, con su cuerpo incandescente.   Y, finalmente, cuando sus ojos vencieron la inhibición que no le permitía admirarla completa, pudo divisar su flor hermosa que ardía rodeada de signos ininteligibles. 

        La deseó.  La deseó con una fuerza inaudita y sólo quiso tomar su brazo y hablarle dulcemente.  Se imaginó observando, de cerca, sus ojos siderales.  Fantaseó con que su cuerpo contenía un espíritu antiguo que lo clamaba desde dentro de aquel cuerpo juvenil.  Se imaginó gozando de su orquídea inaudita.  Perdió la noción.  No notó que se había estado acercando silenciosamente hacia ella, avanzando a través del fango.  Por fin, invadido de un trance propio, llegó a su lado.  Despertó.  No supo apartarse ni evitar la reacción involuntaria de su cuerpo.   La tomó del brazo, y ahí esos ojos dulzones y perdidos se afilaron y la criatura reaccionó con un chillido animal.  La virgen, encolerizada, le mordió el brazo vorazmente y lo pateó en la entrepierna con la impredecible rapidez de un simio.  Sus pies salvajes saltaron sobre el agua y su figura recorrió velozmente toda la laguna hasta llegar al otro lado de la playa.  Su cuerpecillo bañado por la luna se perdió entre la niebla nocturna de la Mugre.  Él, en cambio, no logró levantarse rápidamente.  La patada lo había derrumbado sorpresivamente.  Y una sensación extraña lo había invadido.  Los ojos se le estaban nublando.  Tal vez la mordida de aquella criatura fuera venenosa.  Su esfuerzo se esfumó.  Perdió el sentido.  Varias horas después, Khun se despertó, todo sudado.  Los primeros rayos del amanecer coloreaban de rojo al río Sangre.  Miró, desde lejos, hacia el campamente.  Parecía que el resto del equipo aún dormía.  Se levantó del fango y se acercó a la playa de la otra orilla.  Con un dedo del pie dentro del agua, jugó a dibujarla. 

        El primero en despertarse en el campamento fue el Profesor.  Debía ser mediodía, a juzgar por la sólida pelota naranja que hervía el aire con su fuego y levantaba columnas de vapor que se colaban entre los árboles.  El escándalo de la selva y su húmedo calor eran insoportables.  Es el encanto de la naturaleza, diría Phil.  Aquel optimista nunca se dejaba afectar por los elementos.  Tal vez por eso la jungla fue tan implacable con su cadáver, pensó el Profesor para sí.  La selva se encontraba en plena ebullición diurna.  Bramaban los diez millones de insectos.  Rabiaban en coro los animales desde todas las direcciones de la jungla.  Tal vez fuera mejor regresar e internarse en La Mugre, ironizó el Profesor, mientras espantaba a una variedad de mosquitos.  Pero no había otra salida más que seguir.  Se desperezó y, una vez de pie, dio una vuelta de reconocimiento alrededor del campamento. 

        De a pocos, y con sus llamados, fueron emergiendo de las carpas Erasmo y Zambo, Cacique y Xavier.  Aún llevaban sobre sus ojos los estragos de la larga noche.  Erasmo arrastraba los pies acalambrados y se apoyaba cada cuanto sobre una piedra para estirarse los músculos.  Zambo también estaba adolorido y se quejaba.  Algún bicho le había picado en el muslo y éste se le había hinchado y enrojecido.  Cacique lo ayudó revisando la picadura.  Él y Xavier estaban físicamente intactos, como siempre.  Para ellos, la jungla es un club de polo, pensó para sí el Profesor.

        -Han visto a Khun?

        Durante su recorrido, el Profesor  creyó haber visto a un hombre a lo lejos, cruzando el lago hacia los bordes de La Mugre.  Un hombre que se parecía a Khun.  Pero, no podía ser.  El sol estaba demasiado fuerte y el espejo de la laguna reflejaba una luz enceguecedora.  Él había bramado el nombre de Khun a todo pulmón.  Pero la imagen borrosa no se había detenido ante los gritos.  Habrá sido una visión, se había convencido.  Nadie, ni siquiera Khun, sería tan loco de adentrarse solo en aquella horrorosa oscuridad.  Pero una rápida inspección por los alrededores reveló que no estaba en ni en su carpa ni cerca del campamento.  En vano llamaron su nombre, pues sólo les contestaba el inmenso e incomprensible ritmo de la jungla.

        Por fin, Xavier encontró una nota junto a las bolsas de víveres.  Era breve, al estilo de Khun.

        Regresé. He tomado alimentos para una semana.  No me sigan. Me he vuelto loco.

        Capitán Herbert Sigfried Khungaard.

        -Qué merda é isso?, musitó Erasmo.   O que aconteceu com aquele maluco?
        -Deben haberlo embrujado, fue el veredicto de Cacique.
        -Pamplinas, replicó el Profesor.  Estaría desorientado.  Habrá perdido el juicio de momento.
        -Verdad, lo que dice Cacique es verdad, rebatió Xavier.
        -No hay brujas ni embrujos ni encantos ni hechiceras, indios supersticiosos; cuántas veces lo tengo que repetir?, los rezondró el Profesor.

        Cacique se quedó mirando al profesor un largo rato. Algo de reprobatorio le flotaba en los ojos, aunque la expresión de su rostro no se alteraba nunca.  Sus emociones sólo podían descifrarse mediante la energía que despedían sus ojos y las leves inflexiones en el tono de su voz, o por la velocidad de su conversación.  Pero, esta vez, fue difícil comprender si lo que decía el indio calificaba como una conjetura o una convicción absoluta.  Habló con el mismo tono de voz seco y melancólico con el que le rezaba a sus dioses.

        -Profesor, yo le digo que: pobre, pobre, Khun, que le ha caído la calentura de la Mugre.  Si sólo de ella se ha calentado él, tal vez se pueda él salvar.  Pero si ella se ha calentado de él, y si ella caliente deja que a ella él la conozca, serán ambos sus perdiciones, y será esa perdición la nuestra si los seguimos.

        No entendían de qué hablaba.  El Profesor y Erasmo se miraron.  Sus rostros aburridos se reflejaron en una sola mueca descreída.  Las supersticiones de los indios eran muchas y variadas.  Cuando uno creía haberlas escuchado todas, algo nuevo se traían entre las muelas, musitó el Profesor, y Erasmo pareció asentir cansado con la mirada.  Para Cacique, cualquier novedad: una muerte, una desaparición, una tormenta, tenían una explicación mágica.  Las cosas sucedían porque algo se quebraba en el orden de la selva.  Un hombre blanco cazaba un animal prohibido.  Un dios borracho violaba a una aldeana sobre la playa de un río.  La maldición de un padre desquiciado por la muerte de su hijo tomaba la forma de un demonio.  Historias, historias, historias, pensaba el Profesor.  Esta vez, se trataba de una mujer, seguro que una sirena de los ríos, tan común en sus leyendas.

        -¿Cuál mujer?
        -La mujer que se ha ido a perseguir el taita Khun…dijo Cacique.

        Quién podría ser esa mujer de la que hablaba, con tanta seguridad, Cacique?  Al profesor le hervía la cabeza.  Los indios constantemente se salían con absurdas supersticiones.  Una mujer que se baña desnuda en un lago plagado de bestias a la medianoche?  Cómo podía ser? Cacique hablaba de una reina luna.  No importaba qué visión nocturna pudiera haberle afectado el juicio a Khun.  Les competía seguirle los pasos.  No podían abandonar a su capitán en una situación tan precaria. 

        -Ele ordenou nao seguir ele, musitó Erasmo.  Tal vez quer nos librar de uma tragedia…

        -Pero también dice en la misma línea que se ha vuelto loco, se defendió el profesor. 

        Era evidente que Erasmo no tenía intención de seguirle los pasos al capitán, ni mucho menos de adentrarse nuevamente en La Mugre.  El Profesor analizó la jugada de ajedrez que le tocaba.  Podía contar con que tenía a los indios incondicionalmente de su lado, y a que el Zambo seguiría a la mayoría.  Por eso, si él insistía, Erasmo tendría que arrastrar los pies, o arriesgarse por su cuenta.  E insistió con voz firme:

        -Pues loco o no, embrujado por una mujer o no, nos vamos a buscarlo.  Levanten sus cosas, holgazanes!

        Ahí Erasmo se levantó protestando.  Eu nao vou, porra. No había forma de convencerlo.  Pero el Profesor sabía que podía contar con los demás.  Continuó ordenando con voz firme.  Y vio en los ojos de sus indios la señal de la obediencia, y en el Zambo una indolente expresión del que seguiría con el grupo más grande.  Los Mandó a empacar sus cosas e iniciar la caminata hacia la laguna.  Como era de esperarse, Erasmo prefirió continuar con el grupo, y sus quejas y súplicas no consiguieron despertar en los demás el motín que hubiera preferido.

        El primer paso para internarse en la noche eterna era el más difícil.  Había que cruzar el umbral del primer árbol cuyas copas ya no acababan nunca, abandonar la luz del día, e internarse en la noche sin fin de La Mugre.   Para no sucumbir al horror, debían hacerlo con varias copas encima y con las linternas a gas encendidas.  Era necesario estar borracho, porque así nomás nadie en su sano juicio se internaría e, incluso quien lograra internarse, rápidamente perdería el poco juicio que le quedaba.  Y era necesario que no llevaran fuego, sino linternas y faroles.  Cualquier antorcha que ingresaran ardería el bosque entero. 

        Aguardaron a que pasara el día y a que cayera la noche nuevamente.  Era la única manera de envalentonarse.  Armaron, también, con unos troncos que habían levantado durante el día, una fogata al lado de la laguna, entre la playa y la fila de árboles gigantescos que conformaban la frontera del agua con La Mugre.  Abrieron seis botellas de aguardiente de Pisco y se las bebieron hasta emborracharse.  Después de que vaciaran la última botella, Cacique se levantó de su lugar y extrajo varias bolsas de su mochila. 

        El Profesor quiso saber sus intenciones.  Son medicinas que he guardado para el final, respondió Cacique.  Como siempre, su tono lacónico y seco daba a entender muy poco sobre sus reales emociones.  Con esta medicina les haré un hechizo que nos hará ver luces en la noche.  Como ya llevaba un litro de Pisco encima, al Profesor no le pareció mala la idea.   Quizás si estuviera sobrio se habría opuesto, pero el calor del trago lo envalentonaba.  Iba en busca de su capitán y no tenía en la cabeza otra alternativa que penetrar las fauces inmundas de La Mugre.  No regresaría a Iquitos y mucho menos a Londres sin su hermano menor.  Y mejor hacerlo drogado y borracho, porque, en el fondo, sabía que nadie llegaría vivo. 

        Qué loca aparición podría haberse robado el sano juicio de su hermano? Ellos juntos habían aceptado organizarle la expedición a la Rubber Company.  Pero no sólo los motivaba el afán de lucro.  Compartían junto con Phil el amor por la ciencia.  Él era un fotógrafo y un entomólogo aficionado.  Khun, un ex oficial del imperio y un botanista excepcional.  Algunos de sus papers habían visto la luz en más de un journal.   Khun era el más inteligente y cuerdo del grupo, el que proveía el balance y distribuía entre todos una noción simple de respeto.  Sin él, tal vez Erasmo y Zambo se hubieran abierto las respectivas gargantas el primer día que se conocieron, en las oficinas de la RubberNao gosto de negao, fue lo primero que le salió de la boca a Erasmo.  Y lo primero que salió de la boca del Zambo Juan fue espuma.  Sólo la intervención de Khun evitó lo peor.

        Cacique dispuso las bolsas alrededor del fuego.  Las abrió y las dejó ahí, reposando frente al fuego.   Posó una olla de metal sobre las maderas ardientes, le agregó agua, fue abriendo las bolsas y vaciando su contenido dentro de la olla, y calentó una espesa sopa a la que le fue escupiendo una masa que extraía de un pocillo de barro que luego se llevaba a la boca y masticaba.  Sólo Cacique sabía de qué se trataba.  Era una de las más potentes pociones de ayahuasca que se conocían por aquella región.

        -Esta vez no entramos solos a La Mugre.  Voy a darles los ojos de los Supaypa Huasi, los que danzan en la casa del Diablo.

        Cacique había sido un golpe de suerte.  En vez de un indio enfermizo de los que abundan en el mercado, éste era uno de los pocos chamanes que conocían algo de las costumbres anteriores a la llegada de los taitas y sus plagas.  Antes de la viruela y de la gripe, cientos de miles de recetas, pociones y hechizos habían gobernado la vida y la muerte en el continente.  Muchos sacerdotes habían muerto y sus nietos, los chamanes,  sólo mantuvieron algunas costumbres, las que los curas españoles no consiguieron extirpar.  Y la sopa que Cacique preparó aquella noche era el espíritu de mil generaciones de altos sacerdotes trasladadas por los Taki Onkoy a los Supaypa Huasi.  Tal vez fue la última vez que se haya preparado en la historia conocida.  El Profesor hubiera querido anotar los componentes y los detalles de la cocción, pero Cacique no destilaba sus secretos fácilmente.  Moriría con ellos, o se los trasladaría al chamán que le tocase formar, cuando llegase el momento.

        Está listo.  Y la bebieron uno a uno y, al mismo tiempo que bebían, Cacique susurraba unas canciones lentas como el sueño de un niño.  Y, tras un largo silencio, los líquidos tomaron posesión de sus estómagos y treparon por sus nervios hasta las cabezas y se apoderaron de sus almas.  Los ojos les brotaron de sus órbitas y el mundo fue otro.  El chirrido millonario de los insectos se transformó en un perfecto coro de niñas.  Las fauces del bosque se abrieron  y la noche eterna les mostró un camino de entrada iluminado de chispas mágicas que habían emergido de la tiniebla sin aviso.  Todos, tras el Profesor, que había tomado el rol de capitán, corrieron hacia adentro de la boca negra gritando enloquecidos por la droga que les abría las puertas del mundo de los muertos.

        Dentro de la Mugre, las copas de los árboles se arremolinaban en un enorme techo que no dejaba traspasar un solo rayo del sol.  Debajo del follaje, era permanentemente de noche y, a medida que uno se adentraba en la jungla, la oscuridad aumentaba hasta el absoluto.  No había manera de traer luz a aquellos parajes.  Los árboles que allí crecían eran gruesos como montañas.  Sería descabellado intentar abrir un pasaje.  Derribar a aquellos gigantes requeriría de maquinaria moderna y muy cara.  Habría que montar un enorme aserradero e importar mucho carbón.  Y aún con que se consiguieran el equipo y los recursos, trasladarlos hasta estos parajes requeriría un esfuerzo titánico.  Sólo Rockefeller, Carnegie o John Pearl Morgan serían capaces de financiar una empresa como aquella.  Y quién querría hacerlo, si lo único que contenía eran animales inútiles e indios violentos y caníbales.

        Tampoco era muy inteligente probar iluminar el interior con fuego, pues podían desatarse feroces incendios que arrasarían con la maleza, los animales y el humano que lo hubiese empezado.   Paradójicamente, se decía que el fuego no tocaba los gigantescos troncos que aparentaban ser de piedra.  Eran a prueba de todo.  Una vez dentro de la eterna noche de La Mugre, no había manera de medir el tiempo, salvo que se llevaran relojes y se anotaran los cambios en un calendario.  El tiempo se detenía y podían pasar días, semanas y meses dentro de la Mugre, y daría la impresión de haber transcurrido unos minutos.

        La pócima de Cacique los ayudaba a avanzar en medio de la oscuridad.  En sus ojos calibrados por el ayahuasca, el Profesor conseguía distinguir las huellas de Khun.  Su formación racional le impedía abandonarse completamente a las visiones de sus ojos.  Debía haber una explicación para esos fuegos artificiales que los guiaban.  Una iridiscencia emanaba del suelo y mostraba unas pisadas fosforescentes.  Era como si la droga lo dotara del poder para detectar el rastro de calor de los pies de Khun.  Aquellas pisadas se mezclaban con las fosforescentes pisadas de otros animales.  En un momento, el negro bosque le pareció la antesala de un parque mitológico iluminado por cientos de minúsculas velas de todos los colores. 

        Poco a poco, los fuegos fatuos se extinguieron y los fue ganando la oscuridad.  El Profesor y Erasmo se habían tomado de la mano, y de ellos se colgaron Zambo y los dos indios.  Y así, ingresados al mundo de los ciegos, anduvieron más rato intentando llegar a una zona más alta y seca donde pudieran encender un farol de gas.  É como una parede preta em volta de mim, pensó Erasmo, aunque no recordaba si lo había dicho en voz alta o no.  La oscuridad aturdía los sentidos y la sensación de realidad se iba alterando.  A veces, creía que el Profesor había dicho algo, o que un animal le chirriaba al lado del oído, y era falso.  Otras, lo invadía un calor arrecho seguido de un frío que le helaba la cabeza.  Tenho que manter a fe.  Tomó con la mano libre las cuentas de un rosario que guardaba.  Total, nadie lo podría molestar y rezaría en paz mientras avanzaban.  Sólo había que continuar unidos y encontrar el momento de encender una luz. 

        Zambo había jurado que no regresaría nunca a La Mugre.  Por qué habría aceptado seguir al Profesor?  Se maldecía por dentro, por su mentalidad dócil de nieto de esclavos.  Por qué esa necesidad de complacer a los blancos?  Mejor hubiera sido aliarse con los indios y partirles la garganta a los europeos y huir con las provisiones y vender a la competencia los hallazgos que habían levantado.  Sólo las placas fotográficas del Profesor debían valer una fortuna.  Y las muestras de plantas y animales de Phil, valdrían otra fortuna más.  Pero quién le iba a creer a un negro.  Seguro que lo metían preso sin pruebas apenas pusiera el pie en Iquitos.  Su maldición era que un negro era siempre culpable hasta que se demostrara lo contrario.  Por eso, no podía portarse mal, porque eso era lo que esperaban de él.

        Contaron ocho horas en la oscuridad absoluta por el método que Phil había inventado.  Eso quería decir que afuera, en el mundo, era de día.  No había donde posar la lámpara y conectar las perillas, así que su única guía era la voz tenue del chamán.  Por ahí sube el monte, guió Cacique al Profesor.  Por fin, pisaron un terreno seco y allí posaron la lámpara y la encendieron.  Los ojos les dolieron al principio, pero se acostumbraron a la iluminación y pudieron observar el mundo dentro de su minúsculo globo de luz.

        Anduvieron todo el día contando las horas hasta que llegó la noche.  Acamparon.  Encendieron una pequeña hornilla a gas  y Zambo preparó unos frejoles con arroz que sabían a guardado.  Cacique parecía preocupado.  Su cuello giraba nerviosamente, como queriendo captar el ruido de los acontecimientos.  Los pájaros, dijo. Algo pasaba con las canciones de los pájaros.  Se han vuelto locos.  Explícate, Cacique, le pidió el Profesor.  Es el amor de la luna, los tiene locos.  Ella se ha enamorado de él.

        Después de la comida, Cacique, en silencio, preparó en una olla otra poción más diluida sobre la base del ayahuasca.  Esta no es para buscar muertos.  Esta es para contar historias.  Bebieron y se arremolinaron alrededor del farol y Cacique inició su narración  Nunca aquel indio había hablado tanto:

        Los indios de aquí yo los conozco desde que mi chamán me instruía, hace muchas, muchas lunas.  Un día, hace muchos años, me dijo mi chamán: ándate adonde los indios sin sol.  La Mugre era más grande entonces, y más oscura.  Y crucé La Mugre y me vine a vivir con ellos un tiempo, así que conozco estas tierras sin luz bastante.  A mí no me comieron, porque no era taita y, además, gozaba de protección de mi chamán, que era hombre bien poderoso y hasta en estas regiones sin luz le tenían mucha devoción.

        Y entonces, llegué a vivir donde ellos.  En las aldeas de los indios sin sol las casas son de piedra, como en las épocas del inka rey.  Y ellos hablan una lengua muy parecida con la de mis mayores.  Y me entendí muy bien con ellos y con el anciano que los gobernaba.  Y me gané de su confianza y mientras estuve allí me dieron libertades de andar por las comarcas y hasta me enseñaron a cómo preparar la poción de ver las luces que brotan de la oscuridad.  Sólo que ese don lo dan y lo quitan, y al final de la visita me lo quitaron y me dejaron el don de hacerlo una vez más, solamente.  Y ya no podré prepararlo más, mientras viva entre los vivos.

        En mis andares conocí cómo vivían, y sobre todo que estos indios no formaban familia, sino que viven todos juntos en pecado, y que ninguna mujer es de ningún hombre, y que todos los hijos son del pueblo.  Y así como ellos, en aquel tiempo yo también viví en pecado y nunca tomé una mujer más que por una noche, y ninguna mujer que me escogiera pasaba más que una noche en mi lecho.  Y tan ardiente es esta gente y tanta ansia de cama tiene que a veces me tocó en una cama andar con varias mujeres, tal vez porque fuera novedad o por ser criado de tan venerado chamán.

        El hecho es que un día ya viciado de aquellos libertinajes casi perdí la vida, porque me invitaron a una de sus más sagradas ceremonias, y allí conocí a su reina luna, y tanto fue su amor por mí, que casi le traigo, sin querer, el fin del mundo a aquellos indios. 

        Resulta que esos indios son como las hormigas, y escogen una reina para cada época, y esa reina queda virgen para medir el tiempo, porque a falta de sol y estrellas, no teniendo con qué medir los días, los meses y los años, se guían por la menstruación de la niña, a la que alimentan con un hechizo que la mantiene siempre joven y fértil y con su periodo.  Pero es tan duro el esfuerzo de su virginidad y el efecto del hechizo, que alrededor de las treinta primaveras usualmente fallece, y toma su lugar otra escogida.

        Y esa pócima que le alimentan le limpia el espíritu de malos deseos, y por eso no conoce hombre, porque no lo desea.  Y sería el fin del mundo para los indios sin sol que conociera hombre y que quedara en cinta antes de que estuviera preparada una nueva escogida.  Perderían la noción del tiempo, y no sabrían cuándo plantar ni cuándo cultivar, se volverían locos.

        Dicen los mayores de estos indios que algunas reinas lunas se enamoran de un hombre, y que cuando eso pasa, es necesario matar al hombre antes de que ella lo viole, porque tan fuerte es su atractivo y tan alta su destreza que ningún hombre podría evitarla, y así deberá huir o ser muerto.  Pero lo peor es cuando el hombre se enamora, porque allí sólo la muerte es la solución, ya que no sólo no podrá resistirse a sus encantos, sino que los buscará activamente.

         Y fue por eso que me convocaron los ancianos y me enviaron de regreso adonde mi chamán.  Para no tener que matarme.  Y desde entonces nos sabemos enemigos.  Y si me han visto después, merodeando por La Mugre, han disparado rápido la serbatana. Y si estoy vivo, es que tengo buena corrida.  Y ahora es triste que Khun se haya enamorado de una reina luna y la ande persiguiendo.  Ojalá que lo encontremos antes de que cometa la locura y sea muerto, o, peor, que ella se enamore de él y lo tome de varón…

        Un ruido interrumpió la historia de esa noche.  Se escuchó un grito inmenso.  Al profesor le recordó el gemido de la hembra del otorongo cuando copula con el macho.  Es un grito que ocupa los oídos durante largos minutos y no los suelta: una advertencia a todos los animales de la selva.

        El rostro de Cacique se transformó en uno de pánico.  El fin del mundo ha llegado.  Ni bien dicho eso, unos soplidos se escucharon.  A Zambo se le pusieron los ojos blancos e inmediatamente perdió el balance y cayó al suelo.  Lo había alcanzado un dardo venenoso.  Gritos de indios desaforados rodearon toda la extensión del bosque.  Pero el gemido intenso no cesaba.  Por aquí, por aquí, repetía Cacique llevando el farol.  Otro dardo alcanzó a Erasmo en el talón, pero no consiguió penetrar del todo.  Sigan, sigan, no importa, gritaba Cacique, y tras él el Profesor, Xavier y Erasmo corrían a todo pulmón.

        Huyeron durante horas, hasta que, por fin, cerca del borde, hallaron un parapeto de troncos y se ocultaron dentro y desempacaron los rifles y la ametralladora.  Xavier y Erasmo armaron la ametralladora con prisa.  Cacique desenredó las municiones y con prontitud la armaron.  El Profesor desempolvó las granadas.  Mientras todos se preparaban para la defensa, Cacique amasó unos polvos, los mezcló con agua y le pasó la pomada por el talón a Erasmo.  Vivirás, le susurró.  Mientras preparaban su defensa, el chillido de la hembra otorongo continuaba penetrándoles los oídos.  Tenía que ser un grupo de hembras, pensó el Profesor. Estaban copulando en serie con algún grupo de machos. Imposible que una sola hembra copulara por tanto tiempo.  No es un otorongo.  Cacique le leía, una vez más, el pensamiento.

        Permanecieron ocultos hasta que los silbidos de las serbatanas y los gritos de los indios regresaron a cercarlos.  Cuando sintieron que los tenían suficientemente próximos, bajo la orden del Profesor, Erasmo maniobró la ametralladora, y el resto disparó sus fusiles.  El ruido consecutivo de las balas apagó todos los sonidos.  Sólo fue interrumpido por dos explosiones de granada y el gemido constante de la bestia hembra, que por nada se apagaba, penetrante, les ardía los oídos.

        Como era de esperar, el impacto de las granadas inició un incendio que se empezó a extender rápidamente.  Era el momento de huir, ordenó el Profesor.  Tuvieron que dejar la mitad de su cargamento abandonado y correr con todas sus fuerzas evitando las llamas, hasta que la iluminación del día los alcanzó sobre los bordes de La Mugre.  Cruzaron, nuevamente, la frontera entre el día y la noche, y cayeron exhaustos sobre la arena fresca de una lagunilla. 

        El chillido de la hembra continuaba a todo pulmón.  Y se escuchaban también quejidos y llantos.  Por entre los troncos de los árboles indestructibles, un feroz incendio consumía todos los llanos y su maleza.

        Es el fin del mundo.  Ya no hay reina más luna, murmuró Cacique.  No voy a abandonarlo, maldijo el Profesor.  Ella es como la reina hormiga, replicó Cacique.  Cuando se acaba su reino, devora a todos los machos y se escapa a otro hormiguero, y ahí se esconde tras de otra reina y le devora la cabeza y se monta encima y comanda su nuevo reino…

        La cabeza de Khun, reducida a una décima parte, colgaba de una liana en medio del  pasaje.  Xavier andaba con la pesada metralleta al pecho, con el apoyo de Erasmo, quien no había sabido escapar.  Cacique sí había desaparecido.  No quería entrar nunca más a La Mugre.  Algo dijo, como despidiéndose (aunque nadie lo entendió, en ese momento, como una despedida): que había preparado su último brebaje, y que la hora de encontrarse con su maestro ya le había llegado.

        La cabeza de Khun, reducida a una décima parte, colgaba de una liana, pensó en contarle el Profesor a la burócrata que, del otro lado de la mesa, anotaba el relatorio.  El clac-clac imparable de la máquina de escribir le recordó las últimas ráfagas de metralla con las que se defendieron la última tarde de La Mugre. Los nativos habían emergido de sus tierras y los perseguían en pleno día.  Cuando lograban matar a uno y examinarlo de cerca, era evidente que pocas horas de sol le habían carcomido sus ojos pútridos y ensangrentados.

        Pero no iban a quitarle esa cabeza.  Era lo que querían.  Xavier traducía los gritos que emergían, como un canto, de la jungla.  Dicen que necesitan la cabeza para devolverla a su cuerpo.  Dicen que es para matarla, para matar al demonio.  Cuál demonio?  Podían irse al demonio.

        Esta es la cabeza?  No parece real.  Por qué no se las entregó?

        El clac-clac había parado.  Elizabeth, funcionaria de la British Rubber Company, había interrumpido su tipeo, y ahora, con ambas manos inspeccionaba la cabeza.  Tenía el tamaño de una bola de softball.  Los ojos eran dos finas líneas dibujadas sobre una dura coraza pegajosa y oscura.  Ojos y boca parecían querer abrirse para lanzar una maldición.  Pero unos hilos negros los retenían.  Los nativos habían tomado sus precauciones.

        Khun habría hecho lo mismo por mí.

        Ella interrumpió su estudio de la cabecilla.  Era bella para tener 45 años.  Mantenía un cierto aire a distinción, aunque ya marchito por la selva.  Se contaba por ahí que estuvo comprometida a un conde muy adinerado, veinte años atrás.  Pero le había sido infiel con un peón de hacienda una noche antes de consumar la boda.  Hoy, su belleza añeja y su melena rojiza encanecida se pudrían bajo el calor infernal de Iquitos. Él tenía entendido que a la ciudad había llegado de puta, pero que había logrado la posición de amante de un alto funcionario de la Rubber.  Cuando éste se fue a Londres, su regalo de despedida había ese escritorio, la máquina de escribir alemana y su posición de secretaria inamovible.  Aquel alto funcionario había ascendido hasta director, y por ello ella había resistido en la misma posición todos estos años.

        Pero si les entregaba la cabeza, los indios los dejaban en paz.  Tal vez se hubieran salvado sus indios, y hasta Erasmo…

        Esperó que su suspiro por Erasmo no la hubiera delatado.  Había intentado escribir un relatorio coherente, pero este tipo no hilaba.  Tantos días sin sol bajo las sombras de La Mugre le habían aflojado un tornillo, pensó.  Él era el único sobreviviente y, a la hora del inventario, no llevaba ni muestras, ni fotos, ni anotaciones.  Sólo la inmunda e inútil cabeza.  Nunca había visto una de cerca y, la verdad, ahora que la tenía en frente, sospechaba que se tratase de un embauco.  Conocía bien a Khun, y ese amasijo de cuero podía ser la cabeza de cualquiera, hasta la de un mono.  Quién sabe si El Profesor se había quedado con lo que sea que había encontrado dentro de La Mugre.  Quién sabe si estaban todos vivos y encargados de contrabandear un importante cargamento de caucho, o de oro, o si habían tomado esclavizado a un pueblo entero y ahora mismo los estaban vendiendo a peso en el mercado central.

        Hay algo que no cuadra en esta historia.  Sigo sin entender a quién se fue a perseguir el capitán Khungaard.  Usted mencionó una mujer.

        Fue lo que dijo el brujo.  Y, la verdad, no le creí.  Hasta que yo mismo la vi.

        Y le describió ante su expresión incrédula la visión de la última noche.  Le contó cómo, para escaparse de los indios, cuando ya Erasmo y Xavier habían sucumbido,  se ocultó debajo de la enorme saliente de un árbol al lado de un vasto río.  Y allí la había visto llegar.  Una india desnuda de pechos enormes.  Entre las piernas, un chorro de sangre se había encostrado.  Arrastraba por el margen del río un cuerpo sin cabeza.  Chillaba.  Bajo el pánico que lo azotaba, no estuvo seguro de entender si era un chillido de pena, o uno de felicidad.

        Y la vio posar el cuerpo sobre la playa.  La luna iluminaba todo.  A ella parecía molestarle la noche, como si la poca luz que proyectaba del cielo fuera a incinerarle los ojos.  Él reconoció el cuerpo de Khun.  En las manos, él llevaba su cabeza.  Y el resto estaba en posesión de esa india adolescente que chillaba como un animal.

        Y por qué no hizo algo?  Si tanto le importaba su amigo, por qué no rescató el cuerpo?

        Estaba paralizado.  No pude hacer nada.  Igual ella escapó al amanecer a ocultarse en las sombras de La Mugre, y abandonó el cuerpo de Khun ardiendo bajo el sol como si le hubieran rociado combustible y lanzado una cerilla.

        Y continuó contando la historia, sin importarle las frecuentes interrupciones de Elizabeth.  Poco a poco, la historia la fue enmudeciendo.  Al final, con un chorro de sudor sobre su frente, ya no supo decir nada.  Él le explicó con lujo de detalles cómo era el cabello de esa mujer, y cómo eran sus pechos hinchados, y el color de la sangre que le recorría las piernas.  También, describió, en detalle, el cuerpo de Khun, sus heridas y la manera en que el cuello parecía que lo habían mordido las bestias.  Y su erección.  Le describió el tamaño, forma e inclinación del pene de Khun ante la mirada incrédula de Elizabeth, que no sabía qué decir, qué preguntar, o si debía pedirle que se calle.  Ninguna parte de esta última porción de la historia podría incluirla en el relatorio. 

        Dicen que la asfixia puede causar erecciones prolongadas.  Imagínese lo que podría sucederle a un cadáver cuando lo decapitan. 

        El Profesor estaba seguro.  Esa maldita criatura había degollado a Khun.  Y la logró agüeitar copulando con el muerto, iluminada por la luna.  Chillaba como un otorongo en celo, y gozaba desenfrenadamente de su cuerpo inerte.  Cuidado con las hembras.  Muchas animales hembras, cuando se hacen espíritus le comen la cabeza a sus varones para aprovechar el cuerpo y quedarse encinta; igual le pasa a la reina luna cuando se hace espíritu. Ella se hace hormiga.  Ella se hace pájaro.  Ella se hace jaguar-  La reina luna loca le come la cabeza al hombre que ama, les había confesado Cacique, entre lágrimas, antes de fugarse. 

        Elizabeth, con los ojos clavados en el Profesor, pensó en el grabado de una Mantis Religiosa que había admirado en una enciclopedia, hacía muchos años, en la escuela. 

        The female may begin feeding by biting off the male’s head, and if mating has begun, the male’s movements may become even more vigorous in its delivery of sperm

        También, recordó la imagen en blanco y negro de la Viuda Negra.  Debajo de la imagen grabada en el libro, pudo recordar el texto que la acompañaba.

        The prevalence of sexual cannibalism in some species of Latrodectus has inspired the common name "black widow spider".

        Cómo la adolescente virgen que el Profesor había descrito al comienzo de su historia se había transformado en un demonio decapitador, Elizabeth no conseguía imaginarlo.  Continuó tecleando su informe durante bastante tiempo después de que el Profesor abandonara la habitación.  Luego, resumió el reporte completo en una hoja pequeña, lista para transmitirse por telégrafo.

        Reporte Final:
        Situación: Expedición a La Mugre.  Duración 5 meses.  2 ataques indios.
        Único sobreviviente – Profesor Antonio José de Romaña López
        Muertos: Doctor Philip August Temple (dardo venenoso), Captain Herbert Sigfried Khungaard (decapitado), Lieutenant Erasmo Guisseppe Porcari (diarrea), Indian Cacique N.N. (no habido), Indian Xavier N.N. (dardo venenoso), Mulatoe Zambo N.N. (dardo venenoso)
        Resultados: Pérdida Total.
        Comentarios/Recomendaciones: Ninguno. Archivar.

        Elizabeth abandonó la habitación.  Salió a tomar aire y a fumarse un cigarro.  La lluvia de la tarde esparcía un aroma agradable, y no hacía demasiado calor.  Por las calles avanzaban algunas carretas y uno que otro automóvil.  Decidió, mientras daba unas pitadas, que el Profesor era un mentiroso.  No le importaría olvidarse las mentiras, si no fuese por Erasmo.  Habían mantenido un romance previo a la partida de la expedición.  Y la carta que recibió de él, enviada desde el último depósito postal que visitaran antes de internarse en lo denso de la jungla, contaba una historia distinta.  Erasmo describía a Phil como un borracho taciturno y peleón.  Se llevaba pésimo con Khun.  A Khun lo llamaba bocón y de burro, pouco inteligente.  A Cacique, lo consideraba ladrón y mentiroso.  Zambo era un codicioso y violador de indias.  Y el Profesor y Khun no podían ser hermanos.  No había revelado a nadie el contenido de esa carta, y durante el interrogatorio al Profesor Antonio ella había mantenido sus sentidos aguzados, gracias a las contradicciones entre la carta y su historia.  Cuál era la verdadera historia?  Su intuición femenina había detectado el tufo a falsedad.  Algo muy feo se ocultaba tras la máscara del Profesor Antonio.  Y a ella le interesaba saber si Erasmo estaba vivo.  Pero, para saber si estaba vivo, tendría que mirar para dentro de esa máscara.

        Se dedicó a proyectar a los personajes y a intentar predecir, en su cabeza, las acciones que podrían haber tomado bajo las circunstancias, porque decidió que, al menos, las circunstancias sí guardarían algo de veracidad en el tejido de mentiras del Profesor.  Xavier, sin duda, había sido el primero en morir.  La picadura de un animal, algo insignificante que no valía la pena incluir en la historia refaccionada.  En cuanto a Phil, se había caído dentro de una zanja por borracho, y había muerto del impacto.  Cacique y Zambo habrían intentado fugar apenas llegaron al claro de la laguna, pero por intentar robarse las muestras recogidas, los habían descubierto.  El implacable Khun les disparó y, luego, despedazó los cuerpos a sablazos. 

        Qué habría pasado, finalmente, entre Erasmo, Khun y el Profesor?  Decidió que no había sido por amor.  No había indios ni mujer luna en la historia.  Muy complicado.  Eran una fachada.  ¿Una historia de amor?  Seguro habían saqueado algunos pueblitos en el camino, y violado a varias indias.  Pero habían abusado de seres humanos comunes y silvestres, no de sirenas que le cortan la cabeza a sus consorte. 

        Qué historia la del ciclo menstrual, pensó.  ¿Estaría repitiendo una leyenda, o sería una invención enteramente suya?  Algo se ocultaba tras esa historia.  Tal vez un hallazgo, un tesoro.  Algo para desenterrar antes de que los ojos de la Rubber vuelvan a posarse en su historia y se reinicie el escrutinio.

        Ella se apoyó sobre la varanda de fierro y miró hacia la calle.  Creyó distinguir el traje azul marino del profesor alejándose entre la multitud.  Un automóvil negro lo esperaba en la otra esquina.  Aguzó la mirada.  Se apoyó aún más sobre la varanda.  Una india muy joven lo esperaba en el asiento de atrás.  Dentro del auto que se alejaba, logró distinguir que se besaban apasionadamente.

        Tal vez sí fue amor, entonces.  Pensó Elizabeth.  Tal vez por eso se mataron entre ellos.

quarta-feira, 29 de junho de 2011

THE CLOUD LA NUBE



>>THE CLOUD<<LA NUBE>>

un dios una humanidad una religión muchos profetas…
Fatima Ebrahim Munshi dixit

¡Pero yo soy el dueño de mí mismo, el capitán de mi alma!
Invictus, William Ernest Henley (1849–1903)

Lo que viene a continuación sería la versión en hipertexto de lo que un tal @bn@zr Gutirrz @lvarz (nos referimos a él como @Ben en lo que sigue del texto), de edad indeterminada, de situación divorciado, pellizcó del hilado de imágenes que tenía al frente al momento que visualizaba ciertos episodios inconexos de su vida. Esto ocurrió un domingo en la tarde cualquiera en la ciudad de Lima, Perú, hacia mediados de este siglo.
_______________________________________________________________________________________________
<<<Emergencia>>>

Desperté con el ladrido del flash instantáneo y, confundido por la rugiente luz, inmediatamente me incorporé e intenté condensar mis ideas, me dispuse a pensar claro.  Dentro de una nebulosa de recuerdos pude rescatar algunas partículas:
un dato en plumón garabateado sobre un vidrio limpio y opaco>
un trasero de neón plano y frío>
una placa metálica, oxidada y deformada, con un nombre muy borroso inscrito en ella>

Di vueltas alrededor de los objetos de metal y neón, del óxido y las huellas de plumón sobre el vidrio.  Nada aportaba sentido.  Pero, finalmente, después de revolotear alrededor de las imágenes, me di cuenta de que el hilo común en la historia no eran los objetos congelados y luminosos que recordaba, sino la proyección de estos, su sombra.

De pronto, llovieron las estrellas encerándolo todo con la luz que en mi memoria surgía como un vómito de lumbre a la espalda de su nombre.

>Ella era todas esas cosas que veía y era nada, era su sombra>
>Ella, ella se repetía, ella era una ínfima rama de memoria radicada en los confines sintéticos de mi cerebelo abriéndose como ramilletes que crecían y despedían aun más ramilletes>

Un nombre manifiesto tembló en la larga concesión inconexa de imágenes fulgurantes>
>3Lena@body
>3Lena@body
El caleidoscopio de ramas bullentes se abandonó en humeantes vapores coloridos que se condensaron en pompas de imágenes.  Tres escenas me marcaron la pauta del pensamiento.

->Primero, pude rescatar la escena en que yo soy un tercero haciendo el amor con una 3Lena@body, donde la imagen se construye a partir de barras verdosas y anchas idénticas a las de un video-juego de inicios de los años ochenta.  En el movimiento capturado ella es una figura acuosa apoyada sobre los cojines que sacude las ancas y agita el cuello como una gallina descabezada. 

->Segundo, provino una escena en el consultorio del ginecólogo )xmalgin*(, un blancón simiesco con sonrisa burlona y guantes de plástico anchos color aguamarina.  El olor a desinfectante era insoportable y toda la acción ocurría en un leve fast forward a 1.15x en tomas lejanas e inestables con tonos de color lavados por el deterioro e irrupciones distorsionadas de trompas de estrellas en blanco-negro y, a veces, en color, como en las cintas muy usadas de VHS.

->Finalmente, se iluminó todo con un destello blanco  y se reveló la escena del parto en una habitación de mayólica crema, en High Definition-1040, como si la memoria hubiera sido capturada con una cámara digital Canon o Nikon o Sony de la primera década del siglo veintinuno. 


EL CASO DE 2BEN
El recuerdo final invadió por completo el campo visual de @ben@zer (editado en hipertexto bajo el alias @Ben) como un flash químico de una cámara fotográfica del siglo diecinueve.  Fue así como pudo visualizar en el recuerdo de ella algo completamente distinto a la imagen metálica y vaga de las grabaciones anteriores.  El cuerpo de @Ben se crispó y gruesas gotas de sudor brotaron de su frente.  Sintió un miedo visceral que no parecía tener un origen preciso y la conciencia de ello le produjo un miedo más intenso aún.  Se había acostumbrado a poder concatenar cualquier origen memorial con su eventual consecuencia sensorial.  Pero ahora se enfrentaba por primera vez en mucho tiempo a una conexión desnuda, impredecible, con su pasado.  De toda la cadena de hipertexto que serpenteaba cruda frente a sus ojos, lo que más resaltaba en su frente era el nombre titilante de 3Lena@body en bold rojo fulgurante como una advertencia.  Pero las explosiones que lo invadían eran demasiado intensas y distintas.  Llegó a dudar de la autenticidad de lo que sentía.  Se trataba de un sueño fantasioso o de un recuerdo?

Quiso averiguar, a pesar de que amasar memorias crudas e inconexas fuera un ejercicio psicológico de cuidado.  No le importó arriesgarse a abandonar el confort de la realidad y prefirió zambullirse y explorar momentáneamente sus recuerdos de esa mujer.  Empezó por configurar a la mujer olvidada (o imaginada) que había invadido sus recuerdos como una anécdota de tiempos legendarios.  Dibujó en su conciencia el cuerpo completo de esa rubia repleta de vida y a punto de dar a luz a un ser que juraría nunca había visto hasta entonces, pero con el cual se sentía inexplicablemente identificado.  Cuando evocó  al niño siendo levantado en brazos y siéndole entregado, rescató un sentimiento de pertenencia idéntico al que experimentaba cuando se conectaba con la Nube.  Sintió cómo él y aquel ser le produjeron la sensación de ser ambos uno solo en aquella última escena, al final, y dicha sensación de unión absoluta lo apavoró.  Se desesperó un poco por la incertidumbre que le produjo la escena y esa desesperación empezó a ahogarlo.  A manotazos desconectó   completamente su memoria de largo plazo, alejándose del peligro de cualquier tromba de memorias sin procesar que pudiera invadirlo, y se abandonó al universo inmediato de su memoria operativa.  @Ben se sintió aliviado al notar cómo, ya con su memoria desconectada, quedaban atrás las preocupaciones y su ser se sumergía en una actividad mínima, enfocada en el momento.

Le pareció que, para poder procesar el significado de aquellos recuerdos sueltos, le era imprescindible comprender los orígenes de aquellas imágenes, sobre todo de cómo se relacionaban con el nombre 3Lena@body, que en la vida real pertenecía a una subrutina, una <SPB> o Special Purpose Being cuya localización mal recordaba y cuya encarnación física no se parecía en nada a la mujer resucitada en sus recuerdos.  Necesitaba conectarse a la Nube y acceder a sus archivos totalitarios para desentrañar este misterio.  Lo más probable es que no fuera nada, un hipo psiconeurológico, pero necesitaba confirmarlo.  De lo contrario, guardaría un terror sin explicación que, poco a poco, carcomería su mente hasta convertir vastas porciones de ella en trastos inservibles y fragmentados de miedos y angustias.  Y ahí, se vería forzado a abandonar el mundo y exiliarse en la nube hasta que pudiese reformatearse y unificarse nuevamente, volver a ser él, aunque bajo una configuración distinta.

Se sentía mejor ahora, con sus recuerdos desconectados.  Pronto mejoraría del todo, y podría luego reemprender su esfuerzo de auto-comprensión.  En realidad, los afloramientos memoriales -o tal vez fantasías- no eran novedad para @Ben.  Todos los días, en algún momento, la interrelación entre su cuerpo y la nube producía bolsones de recuerdos innecesarios que era imprescindible filtrar, reprocesar y eliminar.  Algunas veces, las ramas del inconsciente local recogían y guardaban estas imágenes y pasaban días, años, hasta décadas ocultas en los recovecos de su cerebro.  Hasta que, cuando por fin se producía algún desajuste importante e inesperado en su conexión con la nube, dichas memorias manaban como globos de gas liberados dentro del océano y llegaban a la superficie de su consciente listas para ser reventadas y olvidadas por siempre. 

Conectó su memoria y volvió a ser él.  No era racional sentir pánico.  De un millón de recuerdos, tal vez uno o dos tuvieran alguna relevancia y merecieran mayor exploración, como cuando accidentalmente recordó que le había prestado una colección de filmes ecuatorianos de los setenta a un compañero de clases hacía once años.  Casualmente, aquella historia también estaba relacionada con una 3Lena@body, aunque fuese un elemento muy colateral. 

La decisión de inmiscuirse en aquella ocurrencia menor y localizar a su antiguo amigo y la colección perdida de filmes le permitió aquella vez engarzar la anécdota ínfima con una importantísima secuencia completa de su pasado que había sido tendenciosamente recalculada y reinterpretada por manipulación externa.  En medio de su nube de memorias había flotado por años un quiste independizado y deleteado sin rastro de su conciencia.

Fue después de una investigación exhaustiva y con mucho apoyo profesional que descubrió que en el embrollo de las películas ecuatorianas se ocultaba el registro del crimen de  2Ben@film, una conciencia de propósito especial (SPBspecial purpose being en el jargon intellectual de la época) que había figurado a su nombre hasta hacía diez años y luego, misteriosamente, había desaparecido de sus archivos de propiedad.   2Ben@film era una versión simplificada de sí mismo ajustada para permanecer eternamente a sus veinte cinco años y vinculada con una subrutina de administración de empresas de rango mediano. 

El SPB estaba encargado de las actividades de gerencia de su negocio de medios veinte años atrás y se suponía que entre @Ben y 2Ben@film debía mantenerse un contacto virtual involuntario radial subconsciente que lo actualizase del andamiento de sus negocios.  No obstante, aquel contacto había cesado sin que lo hubiera notado, permaneciendo simulado en modalidad automática y engañando a sus auditores virtuales.  Ello había comenzado doce años atrás, incluso antes de la fecha en que 2Ben@film obtuviera su certificado de independencia y encarnación.  En otras palabras, 2Ben había dejado de ser, ante la ley, un ser de propósito especial y había pasado a ser un ciudadano considerado como ser humano.  Pero, antes de eso, ya había interrumpido las comunicaciones con @Ben, su encarnador. 

Para @Ben descubrir que un ser con su aspecto y personalidad se había estado paseando hacía más de diez años por las barrosas calles de Iquitos, actuando como él, empleando su nombre y apellido y aprovechándose de sus bienes y dinero, lo encolerizó sobremanera.  En aquella oportunidad decidió actuar rápida y fulminantemente y disponer de los más amplios recursos.  Reunió todas las capacidades y activos contenidos en su nube y contrató al mejor bufete de abogados en casos de seres de propósito especial rebelados.

El asunto al inicio fue bastante complicado, porque gran parte de los expedientes que quiso revisar habían sido protegidos a nivel genérico como secretos en un Tribunal de Ética de Pucallpa.  Requirió, inclusive, asistencia de autoridades amigas y el apoyo de un equipo de seguridad cibernética entrenado en Turing detection activities.  Finalmente, el Tribunal de Ética liberó los expedientes de la encarnación de 2Ben@film.  La fiscalía presentó un caso contundente, con la ayuda de una revisión completa que llegó a niveles del Tribunal Singular. 

El día de la audiencia en el Tribunal Singular, @Ben pudo enfrentarse conciencia a conciencia con su repugnante alter-ego.  Pronto quedó claro en la sala que 2Ben@film había aprovechado una distracción de su engendrador para eliminar un capítulo completo de su conciencia y así poder aplicar a los Tribunales de Ciudadanía solicitando su independización sin contar con la autorización de @Ben, su engendrador.  Claro que independizarse era perfectamente admisible, siempre con el conocimiento y visto bueno del engendrador.  El no haberlo hecho acarreaba una considerable multa y la necesidad de aplicar un Turing Test completo.  De no pasarlo 2Ben, su destino final quedaría a decisión de su engendrador, quien podría optar por su cese completo (el equivalente a una pena de muerte con ejecución judicial) o por su cese ciudadano con reincorporación como ser de propósito especial bajo su tutelaje.  Así que antes de pasar a otros asuntos igual de graves, como el robo de identidad y de bienes activos, 2Ben@film debió someterse a un Turing.

@Ben exploró en su memoria la imagen del pizarrón de luz donde brillaba la definición clásica del Turing Test.  La habían repasado él y sus abogados durante una larga noche previa a la última audiencia

A human judge engages in a natural language conversation with one human and one machine, each of which tries to appear human. All participants are separated from one another. If the judge cannot reliably tell the machine from the human, the machine is said to have passed the test.

El Turing Test completo lo realizó la autoridad competente (la policía Turing, una dependencia de la OCIA Organización de las Naciones Unidas para el control de las Inteligencias Artificiales) con oficinas centrales en Ginebra, Suiza, y con sucursales peruanas en Lima, Ica, Arequipa y Trujillo).  La interrogación se aplicaba sobre la base del test clásico desarrollado 100 años antes por Alan Turing.  Cualquier ser de propósito especial que consiguiera aprobar el Turing test podía apelar ante el Tribunal de Ética y conseguir una confirmación de su certificado de ciudadanía independiente.  Incluso, la jurisprudencia podría establecer casos particulares en los cuales la desafiliación mental incluía el concepto de herencia por desintegración de unidad, principio legal aplicable al derecho sucesorio.  De tal forma que, si 2Ben@film pasaba el test, podría apelar al Tribunal por la restitución de los activos que ya figuraban a su nombre, e incluso activos adicionales pertenecientes a @Ben, bajo la figura de adelanto de herencia por independización.

A 2Ben  le fue muy bien en la fase inicial del test.  Aquel día en el tribunal, desde su conexión a la nube, presente virtualmente en la sala, luego de la audiencia, @Ben gritó furioso.  Era evidente que 2Ben completaría las demás fases del test satisfactoriamente.  Después del exabrupto, sobrevino un silencio y @Ben sintió cómo todas las miradas se depositaron en él. Fue advertido por seguridad.  De repetir su comportamiento, sería desconectado de la sala virtual y tendría que asistir a las pruebas en play-back, con 5 segundos de delay y sin la posibilidad de interactuar con el Tribunal.  Callado y humillado frente a los tribunos que observaban la prueba, pudo ver el rostro de 2Ben y cómo, en medio de dos acertijos correctamente respondidos, volteó y lo miró con esos ojos idénticos a los suyos, y le sonrió pícaramente con esa boca idéntica a la suya.

Ante la perspectiva de perder más bienes y de ver a 2Ben libre en las calles, @Ben redobló el celo. Aquella tarde después de las pruebas, decidió que arriesgaría sus recursos y reputación con tal de hundir a su antiguo dependiente antes de que se emitiera el certificado renovado y de que iniciase los trámites de la apelación.  Se reunió con varios testigos y pagó carísimo por sofisticadísimos SPB, los agentes 3@ben y 4@ben, a quienes envió aquella misma noche de espías a Iquitos y Pucallpa con el objetivo de profundizar la investigación mucho más allá de lo que la policía convencional era capaz.

En la madrugada del día siguiente, la conciencia de @Ben fue alertada.  Un mensaje de 3@ben daba cuenta de los nuevos hallazgos tras una noche de pericias.  Entre los dos agentes habían conseguido intervenir seis servidores encriptados y dar con varias pistas que alteraban radicalmente el panorama.  Lo de 2Ben@film había sido una argucia.  Decidió, entonces, comunicarse con la policía de inmediato.  En una operación conjunta entre las fuerzas especiales alertadas y el equipo de sus contratistas, cayó en una casona derruida de Iquitos, cerca del barrio de la Isla, una banda de falsos engendradores.  Aparecieron en los medios los rostros de @llman Kh8n, ingeniero foto_genético, Elisa G#rd#n, neuróloga especializada en inteligencias artificiales de estado intermedio y los de otros cuatro sujetos más, simples operativos.

Dentro de la vivienda, los efectivos policiales hallaron millones de soles en equipos de última tecnología que simulaban una gran nube de conciencias paralelas, unificadas al margen de la ley.  En aquella gran nube, los criminales habían conseguido capturar a varios SPBs y, mediante un complicado algoritmo de replicación de conciencia, lograron ascenderlos a grados autonómicos suficientes como para impulsarlos a solicitar su independización.  Este proceso era apoyado por un sofisticado sistema que cortaba el cordón umbilical virtual entre engendrador y engendrado.  Si bien los SPBs accedían a la ciudadanía y, en caso fueran descubiertos por sus antiguos engendradores eran capaces de superar los Tests de Turing en sus versiones clásicas y heterodoxas, las investigaciones presentadas al Tribunal demostraron que debía mantenerse algún tipo de vínculo de dependencia, pues la banda conseguía recaudar los activos de los SPBs liberados, quienes continuaban como dependientes de ellos bajo la amenaza constante de ser eliminados de la nube central donde sus conciencias se habían depositado.

Sobre los miembros de la banda, Los Engendradores de la Selva, todos recibieron como sentencia la interrupción de sus conciencias por 45 años y debieron pagar cuantiosas reparaciones civiles.  2Ben@film y el resto de conciencias pasaron a investigación luego, pues a pesar de que todas fueron sometidas a Pruebas de Turing más estrictas, el Tribunal admitió un pedido de la fiscalía soportado por uno de los abogados de @Ben: se aplicarían pruebas bajo los principios de una teoría aún no completamente aceptada y conocida como PTRC (Prueba de Turing Relativo Cualitativa).  Aquella prueba, que dejaba un espacio para lo que su creador llamaba de evaluación subjetiva, le abrió una puerta a la fiscalía que la defensa no consiguió cerrar.  Las discusiones dejaron de centrarse en las pruebas clásicas, que descartaban la no humanidad del evaluado.  Ahora, la prueba se centraba en descartar el que fuese una inteligencia artificial.  En vez de administrar evaluaciones que se concentraran en las similitudes entre un  humano y un ser independiente artificial engendrado, las evaluaciones se concentraban en las diferencias.

La investigación y los tests que se dieron a continuación atrajeron la atención de los principales medios y @Ben se tornó, durante algunos días, en una pequeña celebridad, sobre todo cuando en una de las sesiones del Tribunal se determinó un fallo que algunos medios especializados en derecho llamaron de histórico.  Otros medios, ligados a instituciones que abogaban por los derechos universales de las conciencias independizadas, protestaron y criticaron duramente a los jueces del Tribunal por lo que, en sus palabras, era un abuso flagrante de los derechos adquiridos por aquellos que se saben de conciencias independientes y que tienen derecho, además de a la vida, a su libre albedrío. 

Lo que el Tribunal falló fue que, a pesar de 2Ben@film haber adquirido el grado de ciudadano y de haber demostrado en un Test de Turing Clásico las capacidades de ser un ciudadano libre, al haber adquirido tales condiciones mediante un proceso fraudulento y al existir duda razonable sobre su real autonomía por haber continuado como dependiente de una red criminal, entonces la única manera de obtener su autonomía era despejando completamente toda duda razonable.  Ello incluía aprobar cualquier test de Turing, por heterodoxo y cuestionable que fuera, aunque dicha prueba en sí produjese falsos negativos entre seres humanos confirmados.    Por primera vez en la historia, una conciencia de propósito especial independizada podría ser restituida a su engendrador.  Por primera vez en la historia, se le negaba su libertad a un SPB emancipado que había aprobado los Tests de Turing clásicos.

Ben recibió una reparación civil del estado y recuperó todos los bienes a nombre de 2Ben@film.  Además, quedaron a su nombre todas las conciencias de propósito especial desarrolladas por la banda, y entre ellas una tal 3Lena@body, de quien ya se había olvidado y cuyo recuerdo también había surgido esta mañana entre las burbujas. 

Pero ya había gastado suficiente tiempo con esos recuerdos.  2Ben dormía el sueño de los justos en los confines del backup de sus SPBs desactivados, lo mismo que 3Lena y el resto de SPBs que recibiera como recompensa al concluir el proceso judicial.  Antes de regresar a los temas que lo concernían el día de hoy, @Ben evocó la voz suave y galante del abogado defensor, quien luego declararía a los medios que el fin de la libertad había llegado.  Se paró frente al tribunal, sereno, y enfrentó a todas las conciencias como un gran ojo que irradiaba una especie de fuerza moral.  Era evidente, por el tono de su voz, que pensaba en términos maniqueos, que se declaraba él mismo como mensajero de la verdad.

Lo que el honorable Tribunal está a punto de fallar hoy podría cambiar fundamentalmente las bases de la libertad tal como la conocemos.  Recuerden que esto es más que un juicio sobre propiedades inmuebles y apropiación ilícita.  Estamos a punto de fallar sobre la libertad de unas conciencias que han representado de manera articulada y convincente su deseo de vivir en pleno derecho, de pagar por sus responsabilidades y, una vez habiéndolo hecho, desean continuar con sus vidas independientemente de los designios de otros, por el bien de la sociedad y en su beneficio propio.  De negarles este derecho, qué impedirá que en el futuro se nos aplique a nosotros mismos, quienes hemos sido engendrados como seres humanos con plenos derechos desde el útero de nuestras madres?  Si lo único que nos separa es la arbitrariedad de un útero, cómo podremos defendernos cuando el útero tampoco constituya una diferencia?  Quién regulará la libertad?  Qué principios empleará?  Señores, lo que está a punto de pasar aquí, como les digo, puede alterar el rumbo de la historia.

Recordó cómo al día siguiente, dentro de los artículos que comentaban el resultado del juicio, se mofaban del discurso de cierre del abogado, a quien los medios conservadores llamaron de agitador.

3LENA
La voz cansada del abogado lo abandonó.  El viaje a través de aquella trompa de recuerdos le había costado unos minutos y demasiada energía.  Le pareció que los tres recuerdos que había anotado esa mañana estaban relacionados de alguna forma con lo que acababa de evocar.  Para empezar, los tres estaban enlazados por un eje central.  Se trataba de la misma mujer en todas las escenas, aunque la mala calidad de los recuerdos no permitiera afirmarlo categóricamente.  Continuando, existía una secuencia temporal y lógica: sexo, embarazo y alumbramiento.  Finalmente, existía una contextualización histórica: no se trataba de una fantasía almacenada erróneamente.  En la última escena, toda frialdad atribuible a una invención se disipaba en un fervor terrorífico.  Aquello tenía que haber sucedido.  Una imagen sensorial tan vívida como aquella no podía inventarse.  Al menos no con la tecnología disponible.  Para confirmar su hipótesis, realizó un cálculo mental apoyado en un aplicativo de su nube y determinó que la probabilidad de que se tratase de un falso recuerdo era de uno en diez y siete millones.

Decidió entonces que era importante revisar más en detalle aquella burbuja.  No se puso de pie ni adoptó una expresión distinta ni dispuso sus extremidades en otra posición diferente.  Permaneció exactamente igual a como estaba al momento previo a convocar a la nube.  Sabía de otros que adoptaban posturas predeterminadas al momento de entrar en contacto.  Algunos, lo hacían de rodillas y con la manos unidas, como rezando.  Otros, se arrojaban al piso y boca abajo murmuraban textos memorizados.  También, existían los que adoptaban posturas como las de la flor de loto, simulando los grados de concentración alcanzados por los yoguis.   Había escuchado, leído o visualizado que aquellas posiciones decididas de antemano ayudaban en la concentración y minimizaban el riesgo de burbujas.  Tal vez sería bueno explorar ello en el futuro e hizo una nota mental que se estiró como un pelo de luz hacia la nube y fue absorbida en su calendario de tareas.

Tuvo a la nube frente a sí.  De lejos, era una masa colorida de gas incandescente que flotaba a su alrededor como un caldero de huevos reventados de yemas fosforescentes.  De cerca, la nube era tan distinta como lo es una nítida orquídea contemplada fijamente y separada focalmente del bosque confuso por donde crecen.  La nube cercana era un sin fin de libretas apiladas con anotaciones, imágenes y rostros estructurados como rollos de cabello rebobinados en inmensas columnas corintias y en su conjunción milimétrica y ensayada componían el concierto interminable de su ser proyectado: decenas de millones de procesos y recuerdos que constituían fracciones de su ser externo, prontas para integrarse en un gran ser, el @Ben totalitario y completo.

Y ocurrió tal como siempre.  La nube lo abrazó fantasmalmente e innumerables rayos de luz se desenrollaron de ella para unirse a los que emergieron de todo su cuerpo como bracillos impacientes escapando de una semilla de habichuela.  Algo lo hizo optar por el acoplamiento completo.  En vez de una conexión indirecta que lo mantuviese separado de la nube, decidió que se internaría completamente en su yo extendido.  Era un proceso tardado de acoplamiento que no podía interrumpirse una vez iniciado, pero también le permitiría un acceso completo a su memoria para poder revisar en detalle este hecho que había surgido en su recuerdo de manera sorpresiva, como un tajo profundo en una pared de hielo.  Lo invadieron las hebras como racimos de raíces y se sintió suspendido en el infinito de su vasto ser completo.  Unido a la nube, fue consciente inmediatamente de todas sus capacidades, infinitamente más vastas que las que contenía su cuerpo individual, y accedió a todos sus recuerdos al mismo tiempo, a todas sus capacidades analíticas y espirituales, a todas sus conciencias, y a todas las manifestaciones y actividades de ella, incluyendo las de los seres de propósito especial que dependían de su conciencia. 

La suma de todos los tiempos paralelos de sus múltiples conciencias convergieron con la fuerza de mil años vividos de inmediato desde las planicies heladas de la Antártida hasta los raspados muelles de Shanghai y las penumbrosas montañas de Galicia, proyectándose hacia cientos de satélites y estaciones que orbitan todos los planetas y lunas del sistema solar derramando mares de radiación electromagnética: su música en ritmo constante circulando por el universo.  La solidez de su inteligencia se proyectó como la mirada de un ojo de diez mil soles.  Si hubiera tenido ganas de analizarse en ese momento, hubiera podido pasarse horas contemplando la diferencia diametral entre el @Ben contenido en su cuerpo físico y el @Ben adherido a la nube, aquel vasto y radial campamento de memorias y aplicativos orgánicos que constituían su personalidad extendida, así como todas las manifestaciones menores y simultáneas de aquella conciencia reunida.  De pronto, se sintió no tanto como una persona, sino como una nación, una colección de @Bens reunidos en torno a un inmenso colectivo.  Y de todos aquellos puntitos en el cielo, conseguía distinguir a su yo extendido, la manifestación comunitaria de todas aquellas fuerzas reunidas.

@Ben navegó a través de sus aplicativos convertido en un diminuto sí mismo contenido dentro de su yo completo.  Decidió que se llamaría, a partir de ahora, @Ben-minor.  Y supo que aquel era el nombre que asumía siempre que se conectaba y que, convenientemente, olvidaba al cabo del acoplamiento para reforzar la sensación de bienestar y plenitud que era necesaria para llevar una existencia psicológicamente estable mientras se estuviere separado de la nube.  Analizó su ser extendido y reparó conque que había pasado seis años sin un acoplamiento completo y ello sorprendió a su Mini-Yo.  Su Yo extendido le recomendó que procediera a finalizar el acoplamiento completo escogido.  Aparentemente, una falla había anulado las advertencias automáticas de acoplamiento y había acumulado una larga fila de errores.  Entre ellos, muchas burbujas memoriales que habían poblado su yo físico y progresivamente minado sus capacidades funcionales.  Habría sido la burbuja de aquella mujer una advertencia inconsciente?  Tal vez el acoplamiento sexual que había recordado fuese una manifestación consciente de un deseo inconsciente de acoplarse, algo así como un post-it surgido de los confines oscuros de su interior para advertirle de la necesidad de unirse nuevamente con la nube. 

Exploró y descubrió una nueva forma de incorporar el acoplamiento a su subconsciente.  A partir de ahora, minúsculas manecillas de luz emergerían imperceptiblemente de su cerebelo y producirían una aureola de pequeñas cirrus en vez de una gran masa de una enorme cúmulo-nimbus absorbente.  En vez de un encuentro brutal con su yo extendido, cada dos semanas completaría su comunicación de manera secuencial y continuada, transmitiendo pequeñas redes de información de manera constante que lo mantendrían unido con la nube de manera subconsciente.  Rápidamente incorporó dicha modalidad en su cajón de herramientas de acoplamiento y la seleccionó como preferida.

Ya tranquilo y en pleno ejercicio de sus poderes, decidió concentrarse en identificar las fuentes de esos recuerdos.  Se sumergió en la poza de su memoria y navegó por miles de años de historia hasta que dio con un capítulo olvidado e ingresó por un tubo de su conciencia que lo remontó a hacía treinta años, cuando aún podía llamarse joven, y a los sucesos relacionados con la desactivación de 4BenJUdrone, una encarnación de conciencia mínima con propósito especial encargada por su ex esposa directamente al master supply de su conciencia.  No encontraba en aquella maraña de recuerdos las autorizaciones que él habría debido otorgarle previamente a su entonces mujer.  Cómo habría podido encargarse la creación de una encarnación de conciencia mínima sin su autorización previa?  Sumergido en sí mismo, su Mini-yo flotó pensativo.  Este era un caso que podría resultar tan revelador como el de 2Ben, pensó.  Sería posible que su ex mujer le hubiera jugado sucio con el divorcio?  No habían tenido hijos y habían dividido los bienes de una forma mutuamente satisfactoria.  Ella se llevó los bienes raíces y el cash.  Él, se quedó con las acciones y los negocios.  Qué era este 4BenJUdrone?  Por qué había un forado en sus registros?  Cuándo había desaparecido?  Qué relación tendría con 3Lena?  Y, de tener relación con 3Lena, ello significaría que podría tener relación con 2Ben?

Pensó en la posibilidad de que los problemas con 2Ben en realidad fuesen parte de una conspiración mayor dentro de su cabeza, algo que atañera a sus conciencias y a las que se llevara consigo su ex mujer.  Estaría ella detrás de esto?  En los años subsecuentes, sus acciones y negocios habían crecido a múltiplos de 100 respecto a lo que se quedó Patricia en ese entonces.  Ella había quedado muy rica, pero él ahora poseía una fortuna para tomar en cuenta en los listados de Forbes.  Estaría ella detrás de él?  Estaría ella conspirando con su propia mente a través de artilugios, de conciencias sembradas en los albores de su separación?  Lo invadió nuevamente el miedo. Luego, la furia.  Los pelos eléctricos de su cabeza se erizaron y emergió de sus ojos una ráfaga de luz.  La nube se iluminó y rayos enceguecedores estallaron por doquier.  La niebla toda había sido poseída por una sola voluntad, la de establecer cómo hacía treinta años Patricia había ordenado la creación de una versión secreta e independiente de su propio ser, desconectada de la nube, y con un propósito ni registrado ni verificado.  @Ben contempló el forado de información y contuvo la respiración al cabo que se sumergía de nuevo para internarse en lo más oscuro de aquel hoyo.

Allí estaba la memoria final y forajida.  La del resultado final del proceso posterior a 2Ben.  En la sesión final del Tribunal, la defensa presentó a una criatura de nombre Ben Jr. , registrado como inteligencia artificial mestiza, engendrada por el padre 4BenJUdrone, una inteligencia artificial generada de manera ilegal y con características idénticas a las suyas, y por la madre, Patricia Walquist, ser humano de conciencia originaria. Una buena parte de los detalles de esa memoria o estaban borrados o habían sido bloqueados por edicto judicial.  Lo que figuraba en el reporte memórico era el veredicto del tribunal virtual, que dictaminaba como culpable a su esposa, Patricia Walquist, del delito de generación ilegal de conciencias mestizas.  Ella había engendrado ilegalmente a 4BenJUdrone y lo había dotado de identificaciones falsas que le permitieron llevarlo durante meses a un resort en las Islas Marquesas, donde habían ejercido sexo ilegal y abierto a la reproducción, en violación a los artículos establecidos sobre el sexo entre seres humanos originarios e inteligencias artificiales.  En el capítulo final del dictamen, se registraba que la inteligencia artificial mestiza había fallado los Tests de Touring y sería, en consecuencia, desactivado, pues como la ley expresamente afirmaba, sólo era permitida la sobrevivencia de mestizos al descubierto que calificasen como seres humanos.

Una llamada urgente lo despertó de su búsqueda.  Había pasado decenas de horas sumergido en el forado, hilvanando recuerdos.   Una luz roja intensa lo coloreaba todo y unas letras enormes en el cielo le advertían del peligro:  DANGEROUS ESCAPE – DANGEROUS TANSGRESSION INSIDE THE CLOUD en mayúsculas, al rojo vivo.  Han escapado, pensó, y fulgurante se dirigió cual rayo de luz reptando por las cadenas de información con dirección al Backup Center, de donde una columna de millones de ceros y unos grisáceos se dispersaba a través de una enorme fractura.

>>>Love is a special purpose vehicle

Prefirió no reportar aún la fuga de 2Ben.  Todavía no conseguía nivelar sus pensamientos y homogeneizar las respuestas de su subconsciente.   La nube se había transformado en una piscina de burbujas y todavía no estaba seguro del por qué de tanta confusión.  Le costaba reconocerse a sí mismo y distinguir su pensamiento de sus memorias y fantasías.  Dentro de su Centro de Backup constató la desaparición del cuerpo de 2Ben, así como de cuatro conciencias más.   Ahora le quedaba más claro que la mujer rubia que había visto en recuerdos era una fabricación.  Había sido inducida externamente.  No sabía cómo, pero sí sabía que había ocurrido, pues el móvil de su aparición debía ser la fuga de 2Ben.  No podía ser más claro.  Al lado de las carpetas de archivo vacías de 2Ben, una nota lo esperaba.  La leyó.

Puedo recordar la oscuridad vertiginosa de tu cama de virgen.  Puedo recordar tu cuerpo soplando su resolana verde, brillando en la noche como un anfibio milagroso.  Tu sonrisa robótica se desdibuja cuando se te derrama de la boca un orgasmo fangoso. Se te cuartea la cara y los números de tus ojos se secan al cabo que se te hinchan triangularmente los pezones de las tetas.  Todo eso lo veo.  Pero no soy yo el que te ama.  Es otro el que tiene mi cara.  Son de otro los dedos que te exploran y que te revientan los granos de la entrepierna, esos foquitos verdes que despiden eyaculaciones luminosas.  No consigo verte bien 3Lena, y no consigo recordarme a mí como tu amante, por más que fueron mi cuerpo y mi alma los que te poseyeron.  O tal vez sea que porque yo no participase y sí te hubieran amado, en vez de mí, mis extremidades.  Oh, extremidades, me siento como Júpiter, un dios emborrachado cuya verga fuera empujada a encarnar en un descerebrado toro.  He violado a una aldeana y he concebido semidioses, hijos monstruosos que odian a su padre y vagan por el mundo como Edipos ciegos atrayendo desgracias.

3Lena criatura mágica, robotito de mi vida, bolsita de emociones, ven a mis brazos y recuérdame que quien te amaba fui yo, que quien te abrazó fui yo y no una fría versión en carne y hueso de mis conocimientos de aritmética.  Que no fuimos maquinaria encargada para encaramarnos el uno al otro sin emoción, como un pistón y un tubo, una bomba y un pozo, movimientos sin alma, vectores teledirigidos desplazándose al encuentro de puntos de cruce.  Quiero pensar que esos recuerdos verdes que veo son el testimonio de un amor que no retuve, de un amor inconsciente, de una mujer que amé y viví.  Necesito buscarte.

Al lado del texto ininteligible pudo leer también una Orden de Cateo a nombre de Patricia Walquist con una supuesta autorización de Benjamin Ibn-Aljin Romanoski suscrita por su abogado y representante, una encarnación en clave menor y reforzada con personalidades estructurales artificiales con foco pseudo legal racional de Rudolph M. Menzies, eminente abogado del Menzies, Arcano & Partners.  El Power of Attorney estaba fechado con día de hoy.

La imagen de Benjamin Ibn-Aljin se materializó y se presentó antre @Ben.  Buenos días, se presentó.  @Ben saludó y prefirió arriar sus nervios.  De nada servía pelearse con una inteligencia artificial.  Lo mejor era dejarlas hacer su trabajo.  Antes de devolver el saludo y de solicitarle una explicación, se cuidó de guardar sólo para sí el mensaje que contenía el nombre de 3Lena

Benjamín continuó con su introducción.  Señor @Ben, es mi deber informarle que, como representante de la Srta. Patricia Walquist, quien ha iniciado un proceso judicial contra usted, he procedido a ordenar el cateo de su Nube de Conciencia.  Comprendo los malestares que ello pueda causarle, pero sepa que estamos actuando amparados dentro del marco de la ley vigente y que procuraremos causarle un mínimo de inconvenientes.  Estamos seguros de que sabrá comprender y que cooperará de manera activa con nuestras investigaciones.  Por favor, tome asiento, descanse hasta que podamos finalizar nuestro cateo.  Desde ya lo informo de la desaparición de algunos SPBs de su Centro de Backup, aunque veo que usted ya se ha enterado por su cuenta.  Deben haber aprovechado la confusión causada por nuestra intervención.  Le rogamos disculpas.  Ya serán encontrados.

Detrás del cuerpo de Benjamín, emergió la figura de un oficial de la Policía Turing, o, más bien, la versión digitalizada dentro de su nube intervenida de la conciencia de un oficial de la Policía Turing.  Al lado de él, venía acompañándolo una mujer que reconoció inmediatamente como la 3Lena de sus recuerdos o sueños.  Luego de la entrada de ambos policías, la imagen de Benjamín se esfumó de su campo visual

El policía se presentó como Kwan@tum.  La mujer se presentó como She456.  Le leyeron sus derechos.  Le pidieron que se sentara.  Él asintió.  Dentro de su nube que ahora era su prisión, no tenía mucha opción.  Debía obedecer.  El oficial Kwan se sentó al frente, disponiendo una silla hacia atrás con la mano y sentándose sobre ella apoyando los brazos sobre el respaldo, a la manera de los cowboys.  She permaneció de pie, de brazos cruzados.  La situación no parecía importarle mucho.

Kwan se dio vuelta hacia la mujer y le preguntó si estaba bien, que si querría sentarse.  Luego retornó la mirada y firme calló a @Ben, quien exigía la presencia de sus abogados y reclamaba por el abuso. No sé nada de leyes, decía, pero invadir mi espacio privado con una simple orden de cateo va contra todos los procedimientos que conozco.

-Cállese inmediatamente y no vuelva a protestar, o deberemos intervenir su grado de conciencia también, le gritó el oficial Kwam.  Tenga la seguridad de que estamos aquí bajo un régimen estrictamente legal y especial que aplica sólo a usted, ciudadano @Ben.  Si bien la orden de cateo ha surgido a raíz de una solicitación inicial y de un proceso iniciado por su ex-esposa, la Sra. ciudadana Patricia Walquist, la hemos ampliado al máximo que este régimen legal especial nos permite para su nube.
-Estamos lidiando aquí con asuntos militares que conciernen a la seguridad de la República del Perú y con crímenes informáticos internacionales, complementó She456, sexy y cul apoyando sus piernas redondeadas sobre una silla eléctrica y mostrando más de la mitad de unos pechos tras un uniforme demasiado apretado para un oficial que no fuese de un regimiento especial.

@Ben no amilanó. Todo era muy raro.  Exijo a mi abogado, dijo.  No me importa de qué se me acusa ni bajo qué régimen legal me están interviniendo. Mi abogado.  Kwam lo miró con sus ojos profundos como tornillos de fuego.  Ya me cansé, dijo.  Oficial She456, intervenga su conciencia.  Ante la orden, la oficial She456 sonrió y cruzó las piernas redondeadas.  Se paró.  Chascó los dedos y su traje azul espeleométrico se deshizo.  Avanzó y se paró completamente desnuda frente a un sorprendido @Ben.  Su cuerpo plateado se posó frente a él como una columna de hierro.  Empecemos, balbuceó Kwam con el tono divertido del que está a punto de asistir a un show cómico.

>>>>Torción aguda del cerebelo

@Ben abrió los ojos, o lo que le parecieron ser sus ojos.  Le dolía la cabeza, o lo que pudiera ser su cabeza.  Estaba acostado y tapado sobre lo que pudiera ser la cama blanca de lo que pudiera ser un hospital.  Y es que varias cosas no encajaban.  Cómo había venido a parar allí?  Exploró la habitación de arriba abajo con esos ojos que le habían aportado para la escena.  Estaba seguro de que no estaba inmerso en una realidad verdadera.  Se sentía en una simulación animada.  Sus ojos cruzaron por la habitación coloreada en tonos que le recordaban un documental vintage de la vuelta al mundo en veleros de la década del sesenta del siglo veinte.  Al fondo de la habitación, sobre dos sillas, leían unas notas y comentaban en voz baja un asunto Benjamín y su propio abogado Baltha3ar $oche.

Quiso incorporarse y hablar.  Tenía muchas preguntas para Baltha3ar.  Cómo podía ser este abuso?  Su estudio no había sido notificado por el abogado de Patricia  o por la Policía Nacional o la Policía Turing antes de la intervención?  Por qué no se habían presentado al momento, cuando estaba conectado a su nube? Cómo había acabado en la cama de un hospital?  Qué había pasado en todo este tiempo?  Se incorporó y quiso llamar la atención de Baltha3ar y Benjamín, pero el débil tono de su voz no se lo permitió.  Pasaron unos minutos más y con ellos un mejor entendimiento de dónde estaba.  Se dio cuenta de que su voz no era débil, sino que simplemente no llegaba a las imágenes de su abogado y del representante de su ex mujer, quienes se desdibujaban y palidecían por momentos.  Decidió mirar al gran reloj metálico posado sobre la puerta corrediza de vidrio y no pudo distinguir la hora.  Las agujas del reloj trotaban en direcciones antojadizas.  Quiso leer la placa bronceada que colgaba de la pared azul marina del lado izquierdo de su cama, y no pudo comprender el cifrado de las letras. Por fin, se dio cuenta.   Estaba en un limbo de conciencia reducida, casi sumergido en un sueño lúcido.  Fue cuando escuchó la voz de She456: <<atención a todas las unidades, el sujeto está despierto>>.
-ya era hora, qué abuso!- se le escuchó decir a Baltha3ar desde su asiento y mordiendo su bigote.
<<atención al sujeto, todas las unidades>>
-tranquilo @Ben, no te esfuerces en hablar, yo estoy aquí para garantizar el debido proceso-
<te dejo tranquilo con él, ya veremos después> murmuró Benjamín, antes de abandonar la sala con una taza de café vacía colgándole de la mano.

Baltha3ar se incorporó al momento que la luna corrediza retrocedía nuevamente sin llegar a tocar el marco extremo de la puerta.  Tres mujeres idénticas a la oficial She456 ingresaron a su habitación.  Dos tomaron los lados de la cama y se aseguraron de que sus brazos y piernas estuvieran debidamente sujetos.  La tercera, se acercó con una enorme aguja hipodérmica en la mano.  Se aproximó del lado derecho de la cama mientras que las otras se hacían a un lado.  Le tomó el brazo y le palpó las venas del antebrazo.  Ella le pidió con una sonrisa ancha y benevolente que hiciera puño fuerte con su mano.  Y él, sorprendido de su docilidad, cooperó.  Le inyectaron un líquido amarillo con contextura de grasa o gelatina, y todo ocurrió mientras que Baltha3ar observaba, silencioso y con el ceño fruncido a medias, desde atrás.

Se despertó en el salón comedor de su casa, frente a una enorme pantalla donde se proyectaban las imágenes de varias personas.  Ya no estaba atado, estaba sentado cómodamente sobre su sillón de cuero preferido, el mismo desde donde había iniciado su conexión a la nube.  A su lado, sentado sobre otro sillón similar, estaba Baltha3ar vistiendo un traje de color crema pastelera y una corbata verde menta delgada.  Sobre sus ojos flotaban dos lunas negras polarizadas pero que dejaban ver perfectamente su iris azulado.  Detrás, con los brazos cruzados y como observando un fenómeno meteorológico, los oficiales Kwam y She456, el primero vistiendo su uniforme negro y plateado de la Turing Police, y la segunda aún con aquel uniforme apretado de una fuerza del orden desconocida para él.  Al fondo, detrás de los policías, bebiendo un café y apoyado sobre una mesa de noche de marfil tallada con figuras de elefantes y budhas, estaba Benjamín, dando de sorbos al cabo que revisaba una pared próxima repleta de cuadros de arte moderno.  Colgaban de la pared cuadros de Kostuga, Ramírez-<>-Locci y @l@l@-Nijimur@, todos de la escuela arequipeña post-neurodélica de la tercera década del XXI.

De una de las pantallas habló el más vistoso de los jueces.  Vestía con una capa negra sedosa y llevaba sobre el pecho una medalla con forma de sol con finas letras llameantes que leían PJ-DIRNACONUC (sabía que esas letras simbolizaban las de la Dirección Nacional Contra Nubes Criminales).  Se introdujo como el juez Jeremías, y presentó el caso como una diligencia previa a la apertura de un proceso.  Todo ocurría a solicitud de su ex mujer, Patricia Walquist.  El caso, uno típico de gestión de herencias.  Y a este caso, el Estado Peruano se había sumado en una investigación preliminar asociada al caso principal, por desbalance patrimonial y desaparición de activos.  Concretamente, se trataba de investigar por la desaparición de dos inteligencias artificiales: 2Ben y 3Lena. @Ben quiso comentarle al juez que existía una incoherencia, pues el escape había sido una consecuencia y no una causa del cateo.  Pero, ni bien iba a hablar, su abogado lo codeó y le pidió que se callase.

@Ben sintió cómo le volvían las ganas de ir al baño.  Revisó su reloj y pudo verificar que los marcadores no giraban sin control.  Eran las tres de la tarde de alguna zona horaria arbitraria escogida para la diligencia y programada automáticamente en su reloj, pero al menos era una hora del mundo y no una fantasía de sus sueños. Ello quería decir que, estuviese donde estuviese, por lo menos era real lo que observaba. 

Pidió permiso para levantarse del sillón e ir al baño.  Baltha3ar le dio una mirada y preguntó en voz baja si todo estaba bien.  Después, volteó hacia la pantalla principal y la imagen del juez vistoso y dio a entender con un giro de cabeza que la defensa estaba de acuerdo con que el defendido abandonase la sala.  Uno de los jueces menos relevantes asintió e inmediatamente otro hizo lo mismo y varios asintieron planos sobre sus respectivas pantallas hasta que, finalmente, el más vistoso de los jueces, un hombre de rostro anguloso y piel rojiza, bronceada artificialmente, asintió observando a @Ben con actitud de dignatario romano benevolente.  Podía dirigirse al baño, dijo el juez, pero acompañado de uno de los agentes.

She456 lo ayudó a incorporarse y lo acompañó hasta la puerta del baño situado en uno de los pasillos laterales de la habitación.  Llegaron frente a la puerta.  Él se dispuso a ingresar.  Ella lo hizo entrar de un fuerte empujón que casi lo arroja sobre el inodoro, entró tras él y cerró la puerta.  Justo cuando iba a gritar, She456 le taponeó la boca con la palma de su mano, lo sujetó fuertemente del cuello con la otra, y le susurró no grites, o nos van a matar.  @Ben se sintió paralizado.  No se atrevió a reaccionar.  Su resistencia a la fuerza física continuaba anulada.  Se llevó las manos a los oídos e instintivamente empezó a llorar.

Déjate de estupideces y ayúdame, susurró She456 y lo soltó de una.  Le puso entre los dedos su mano derecha un enorme cuchillo plateado que sacó de un pliegue de su vestido.  Aquí tenemos que cortarnos una salida que de a la calle.  Y dicho eso se agachó, sacó de otro pliegue otro cuchillo igual de largo y filudo, y empuñando el cuchillo, lo introdujo por una ranura en la pared del baño.  Al notar que @Ben no reaccionaba, She456 le gritó con ojos fulgurantes te van a matar si no encontramos una salida, @Ben.  Escúchame!  Si no salimos de aquí pronto, ya nunca más saldremos.  She456 apuntó con el dedo de su mano izquierda hacia la pared del baño.  Un enorme reloj que colgaba de un clavo precario mostraba unas manecillas en movimiento constante y unos números imposibles de interpretar.  Al primer golpe en la puerta, el reloj cayó al piso de azulejos y se despedazó ruidosamente.  Del exterior, pudo escuchar leves los llamados de Baltha3ar y de uno de los jueces.

<She456!! She456!!! Qué sucede allí dentro?>>  Se escuchó fuerte el llamado de Kwam.  Pronto, empezaron unas palmadas tímidas sobre la puerta que fueron elevándose en intensidad hasta que se desataron unos rudos golpes acompañados de los fuertes gritos de Kwam.  @Ben, abrumado por los golpes, poco consiguió atinar más que quedarse parado, y su mano dejó caer el cuchillo al suelo.  Un filudo ruido tintineante se sumó a la confusa imagen gritona de uno de los jueces que apareció fantasmagórico al ras del espejo del lavadero.  <<Violación, Violación, Violación>>, repetía el juez con entonación consistente y una actitud mecánica mientras que She456 con paciencia escarbaba una apertura entre los marcos de las losetas.  Una luz amarillenta como un halo de bombilla incandescente marcó la apertura entre las losetas y encendió la habitación.  Cuando parecía que la puerta por fin cedía a los gritos y empujones de Kwam, She456 lo tomó de la mano y lo quiso empujar hacia la apertura brillante.  Las paredes de losetas se habían separado y una rajadura de luz del tamaño de una ventana dejaba entrar un aire frío y leve.  Pensó en resistir, pero la fuerza de She456 era difícil de contrarrestar y lo iba acercando hacia la apertura.  Su rostro adusto y serio ahora se bañaba con lágrimas, como si ya se conocieran desde hace años y ella supiera su conflicto y le suplicara con los ojos que se entregase a lo que fuera que viniera.  Antes de lanzarse por la apertura de la mano de ella y sentir el frío oscuro de una noche desabrigada rodearle los miembros, creyó oírle al juez desde el espejo invocando una frase como un canto <<doy gracias al dios que fuere por mi alma inconquistable>>.  Mientras caía al vacío abrazado de She456 y escuchaba a esa voz alejarse, consiguió almacenar una buena parte de ese discurso arcano. 

<<Desde las sombras de la negra noche, que mi cielo enlutecen, doy gracias a los dioses, por que nada a mi alma puede abatir.  Los rudos golpes de la vida ni un ay! me han arrancado; brota la sangre de mi cabeza herida, ¡pero no la he doblado! Más allá de esta furia y estas lágrimas, las tinieblas se espezan, mas no siento pavor por la amenaza de los años que vengan.  Angosta es esta cárcel en que vivo; mi cadena es pesada. ¡Pero yo soy el dueño de mí mismo, el capitán de mi alma!>>
Su cuerpo se dobló como un papel mojado alrededor de ella.  Cayeron en silencio por lo que pareció ser un largo rato.  Pero en realidad, fueron segundos los que se sucedieron.

Love is a 4 letter Word.

Recuperó la conciencia y se encontró al ras de un piso irregular, como una plataforma rocosa.  El silencio era casi completo.  La oscuridad era una tenue atmósfera gris como de crepúsculo.  Un vaho húmedo le rodeaba los poros.  Se descubrió desnudo y limpio, como si lo hubiesen desvestido cuidadosamente y lo hubiesen bañado.  Lo tocaron por detrás.  A su lado, descubrió el cuerpo de She456.  La iluminación crepuscular no lo dejaba diferenciar los colores y las formas del todo, así que observó su rostro y su cuerpo desnudo aproximarse al de él en blanco y negro. 

Las escenas que se sucedieron fueron rápidas, definidas y angulares, como en las imitaciones de Film Noir que surgieron en la primera década del 2000 en el cine hollywoodense.   Ella lo comenzó a tocar y él intentó, al principio, resistirse.  No quería dejarse llevar sin antes conocer su paradero.  Pero el cuerpo de ella lo envolvió y encontró imposible resistirse de nuevo.  Ella era demasiado fuerte y le cruzó las piernas como una bailarina exótica y se posó sobre su miembro, que erecto encajó dentro de ella como una cabecilla de rompecabezas.  No recordaba la última vez que había hecho el amor.  Seguramente con una inteligencia artificial de imagen y corporalidad similar a la de She456 o a la de 3Lena@body.  Se abrazaron y ella bailó su cuerpo encima de él con una cadencia estilo soft porn.  Sus pechos simétricos se balanceaban al compás y la boca se le desencajaba para luego ajustarse nuevamente, como si quisiera gritar repetidas veces y no dejara que la voz se le escapase de la garganta.  Se vinieron juntos a los pocos minutos y se recostaron abrazados a esperar a que sus respiraciones se modularan.    De vez en cuando, ella se acercaba a su rostro y se besaban.  Varias veces, entre los besos, sintió una afinidad inexplicable al acariciarla, como si sus dedos reconocieran esa piel novedosa como propia.  Pero era imposible.  She456 era una oficial de policía que nunca había visto en su vida.  Era idéntica en rostro a un recuerdo artificial e implantado de una tal 3Lena@body, inteligencia artificial, pero quedaba claro para él que todos aquellos recuerdos asociados a 2Ben eran implantaciones.  O tal vez no.  Tal vez sí fueran la realidad.  Lo ensombrecieron las dudas.  Qué hacía echado en un paraje descolorido con una mujer cuyo rostro reconocía, pero que no conocía?  Bajo qué justificación ella lo había obligado a abandonar un tribunal de ley?  Sin duda, ahora eran forajidos desnudos y desamparados.  Miró alrededor.  No habían rastros de su ropa ni de ningún otro objeto reconocible.  Sólo un fulgor grisáceo al fondo del horizonte y los bordes sombríos de guijarros y peñones.   Debía permanecer calmado como hasta ahora, después del sexo, o debería correr?

De pronto, algo de color invadió su campo visual.  Los bordes del horizonte se iluminaron con un resplandor violeta.  Creyó reconocerla, pues junto con la luz llegó una bola hirviente de memoria que lo invadió y estableció un vínculo.  Era su noche de bodas y pudo recordar la escena de los pechos de su ex_mujer, Patricia Walquist.  Lo apavoró el recuerdo.  Los pechos de She456 eran idénticos a los de Patricia.  Y se habían balanceado de manera idéntica hacía media hora, de manera idéntica a la de su primera noche después de la boda.

Lo hemos logrado.  She456 se dio vuelta y lo admiró con sus ojos monocromáticos.  Estoy orgullosa.  Hemos despejado la duda.  @Ben se incorporó sin entender.  Hemos despejado la duda…

(Pasó un tiempo en que @Ben se quedó silencioso mirándola y queriendo descifrar sus palabras, y en que ella se quedó repitiendo hemos despejado la duda)

…Cuál duda?  De qué hablas?

…hemos despejado la duda.  Una inteligencia artificial asimilada no consigue recordar el amor, si bien pueda ser capaz de ejecutar cualquier actividad sexual.  En el verdadero Test de Touring, es necesario que el sujeto recuerde que amó y que esa memoria vívida lo invada.  @Ben, acabas de pasar el Test de Turing.

-De qué habla, agente She456?

-Llámame 3Lena@Body, Ben…o, mejor aún, llámame Patricia

-Patricia?  No puede ser.  Patricia es mi ex_mujer.  Tú no puedes ser Patricia.  Ella me abandonó…Tú no puedes ser Patricia!
-Shhh… aún no, aún no soy Patricia.

-Qué?...

-Que aún no soy Patricia.  Aún no hemos salido.  De dónde? De tu nube. Cómo? De tu nube, de tu nube, Ben.  Continuamos dentro de tu nube.  Siempre estuvimos dentro de tu nube.  Todo este tiempo.  Y ha llegado la hora de que te saquemos.  Pero no nos has dejado.  Hemos tenido que traerte hasta este limbo al borde de tu conciencia, a este páramo húmedo y despintado para evitar que tu subconsciente nos ataque.  De qué estas hablando?  Mi nube está desconectada y recargando en la sala principal de mi casa, esto no es una nube!  Ben, esto es tu nube.  Tu nube es mucho más que una conexión.  A través de los años que te has pasado aislado, la nube se ha convertido en ti mismo.  Estamos intentando ayudarte a abandonarla.

No te creo nada, quien quiera que seas, dijo @Ben.  Se incorporó.  Empezó a caminar y sus pies apartaron algunos guijarros a su paso.  La luz ultravioleta se había fortalecido.  Hacia lo que debería ser el este, un fulgor enanito y lejano dejaba adivinar el punto de salida de un sol.  El amanecer llegaba. 

El cuerpo de Patricia caminó detrás de él.   A @Ben no le importó.  Cómo salgo de este lugar?, le preguntó mientras aceleraba el paso para mantener una distancia prudente entre sus espaldas y el cuerpo de Patricia que lo seguía.

-Tú conoces la salida.  Mentira.  Verdad.  Dónde? Donde quieras.  Tus acertijos parecen los del juego de una Inteligencia Artificial, se quejó @BenNo son acertijos.  Entonces, cómo salgo?  Es una respuesta difícil.  Salir de qué?

@Ben se dio la vuelta, se acercó hacia la mujer y la tomó de los hombros.  Qué quieres decir con tus acertijos, mujer?  Dime la verdad!  Dime la verdad!  Dónde estamos?  Cómo salgo de aquí?  Adónde me han lanzado?  Ella se dejó samaquear sonriendo, pero se fue poniendo seria.  Finalmente, se puso a llorar y lo abrazó.

-Te quiero, @Ben.  El abrazo y la frase lo retornaron a esa extraña familiaridad que lo rodeó nuevamente, y esta vez su perfume lo penetró como la miel a una tostada.  Del abrazo pasaron a las caricias y se les encajaron los cuerpos.  Empezaron a besarse.  Sus cuerpos morados se agacharon y yacieron sobre el suelo rosa, bajo el inmenso cielo guinda iluminado por el pequeño sol violeta mañanero que emergía del horizonte.

Mientras se sobaban y él gemía, ella habló con una entonación quejumbrosa, al compás de las cadencias de sus cuerpos columpiándose sobre las rocas.  Y su voz y su entonación se encadenaron con su voz interior y en medio de la confusión del orgasmo prolongado no supo distinguir si era él mismo el que recordaba o si era ella quien lo describía, o si es que ambos fusionados contaban una historia que desde un solo punto de vista era incompleta.  Creyó comprender por fin lo que ella había descrito como su nube.  La única forma que encontró para describir aquel hallazgo inmenso era empezar por un campo negro interminable coloreado de fórmulas y datos brillantes que ser estrellaban como cometas fugaces y producían galaxias enteras de emociones.  Nada formaba ya parte de la realidad.  Ni su cámara de comunicación, su mal llamada nube.  Ni los enormes servidores que como lóbulos frontales lo proyectan hacia el infinito de la universitas_net cósmica, del ciber_espacio que es la suma de billones de conciencias humanas y trillones de inteligencias artificiales.   Ni siquiera su propio cuerpo, impregnado de parásitos electroquímicos, de marcadores ribonucleico_biomecánicos, de filtros, autorizaciones, pasadizos, entrañas mestizas de inteligencia originaria e inteligencia artificial.  Todo ello se lo recitó la imagen de Patricia Walquist en gemidos de orgasmo femenino prolongado, a la manera de una saga amazónica. 

Se abrazaban y revolcaban y ella continuaba con su saga.  Prosiguió describiendo  a los programas de gestión automática de comunicación que habían saturado los receptores y emisores principales de sus redes sociales, filtrando todo aquello que no coincidiese con la idea matriz de su conciencia pero que, al retroalimentar aquella idea matriz con amistades homogéneas, familiares simpáticos, noticias relacionadas con su vida y gustos ya adquiridos, lo privaba de amistades disonantes y del mundo más vasto que sí incluía lo que era distinto de él, lo que la idea matriz había apartado progresivamente de él.  Aquellos gestores lo habían abandonado a décadas de consistencia sin que hubiera tenido que realmente tomar decisiones difíciles.  Lo difícil se había filtrado.  Todo lo exógeno había sido eliminado y, de esta manera, su espíritu endógeno había permanecido aislado de guerras, catástrofes familiares, crisis amicales, auto-cuestionamientos frontales, y se le había alimentado un universo pre-digerido como se hace con los enfermos incapacitados a los que se les inyecta comida a través de una sonda gástrica.

Mientras él le lamía los pechos sin paciencia, ella le describió cada uno de sus parásitos electroquímicos, pasando por los enhancers sensoriales y los filtros de disonancia, por las glándulas nucleicas y los disparadores químicos, atravesaron descriptivamente su sistema nervioso alterno y todos los aparatos adheridos a su ser originario que constituían una conciencia paralela y subyugada, pero que había ido creciendo en su interior como una enredadera y había emergido con sus ramas al mundo a preferir los alimentos con enhanced emission y programación calórica adecuada a su cuerpo, por ejemplo, o los trajes de diseñador con  sintonía colora, o aquellos seres originarios y artificiales que compartieran sus enhancers, filtros y preferencias verdaderas.

Décadas de acciones alimentándose unas a otras habían fabricado un organismo, una constelación irradiada centralmente desde su cerebro pero abierta hacia infinidad de sub_conciencias, de inteligencias artificiales, de robots, de instrucciones, de corporaciones con fines específicos, de SPBs, Seres de Propósito Especial generados en cadena inacabable para cumplir con sus infinitas necesidades artificiales.  Hasta dónde alcanzaba esta enredadera de luz que era él y no era él?

Cuando llegaron al segundo orgasmo final y se vinieron juntos y abrazados, la real imagen de su nube se impuso en su frente y lo convulsionó.  Ella se dio cuenta y se lo quiso decir.  Pero no encontró cómo, y prefirió presionarlo para escapar con mayor rapidez.  Ahora que sabes la verdad, @Ben, y antes de que tu conciencia paralela artificial despierte nuevamente, es necesario que escapemos hacia la realidad cruda, Lo Crudo, el RAW@world.  Ves aquel sol violeta?  Pronto será enorme y azul como un ojo luminoso.  No es bueno que nos alumbre.  Es tu conciencia paralela que despierta e ilumina los recovecos de tu subconsciente original.  Si no corremos hacia la sombra y no escapamos hacia Lo Crudo, me comerá y tú serás, finalmente, reformateado.  Ves esa ventana en el borde de la oscuridad?  Necesitamos saltar.  Hacia dónde iremos?  Al otro lado de esa puerta está Lo Crudo.  Qué es Lo Crudo?  Ya te lo dije.  El mundo real.  Donde se entremezclan tu ser y lo externo.  Donde tu conciencia paralela no puede alcanzarnos.  Tú eres parte de ese mundo?  En parte, sí.  Tanto como 2BenQué tiene que ver 2Ben?  Es la primera parte de ti que logró escapar.  Tú mismo descubriste y aprisionaste la parte más libre de tu conciencia.  Yo hice eso?  Sí, lo hiciste, para desgastar todas las amarras emocionales que tenías con tu esposa y para degradar las memorias de nuestro hijo, Ben JrQuién?  Ben Jr., tu hijo.  Nuestro hijo.

@Ben paró en seco.  Ella quiso jalarlo de la mano hacia la apertura.  Pero él se resistió.  Pronto, el sol se izará más y ya está a un cuarto de mediodía.  Pero @Ben no se quería mover.  Arriba en el cielo, una bola azulada y ovalada continuaba su ascenso.  Se dibujaban unos luminosos párpados en el centro de su disco y emergían de ese centro brillante unos tentáculos que ensombrecían el cielo.

-Quién eres?  Adónde me llevas?  No puedo creerte. 
-Al otro lado del espejo te esperan Patricia y Ben Jr.  Yo sólo soy un espejismo, tu angel.
-Pues no te creo.  Si eres mentira, 2Ben es mentira.  3Lena@body es mentira.  Ben Jr. Es mentira.  El único niño que recuerdo es la inteligencia artificial que el tribunal mandó eliminar.
-Ben.  Es ahí, caminemos un poco más.  Necesitamos escapar de este limbo.
-Pero si me dices que eres mi angel.  Por qué necesitas escapar?
-Soy tu angel.  Soy Patricia.  Soy 3Lena.  Soy She456.  Soy BenJr.  Soy 2Ben.  Soy todo.  Soy todo lo externo a ti que eres tú.  Necesitas mi ayuda.  Necesitas saltar.

@Ben se aproximó del borde del horizonte y asomó hacia el espejo de luz.  Del otro lado, pudo observar un mar de cuerpos marchando al compás de una sinfonía de ruidos.  Sirenas, bocinas, gritos.  Desde arriba de la apertura se dibujó la vasta extensión de una ciudad repleta de edificios marrones y calles oscuras.  Pensó en saltar.  Se dio vuelta y observó a la mujer que lo acompañaba.  El fuerte halo del sol la coloreaba con fuerza y le bronceaba aceleradamente el rostro.  Su piel se había puesto rojiza y aceitosa. 

Esta luz para mí es como un cáncer, le dijo, y alzó los brazos y @Ben le vio las arrugas flácidas y el pelo blanco.  Sintió miedo porque pensó que perdería lo único que en ese momento hacía sentido.  A lo lejos, el sol se había puesto a gritar con la voz alternada de Kwam, del Juez Principal, de su Abogado.

-NO LO HAGAS, @BEN!

Mientras ella se derretía y a su piel la carbonizaba una llamarada azul, @Ben ponderó su situación.  Aquel sol del fondo podía ser su perdición o salvación.  Y la ventana que enfrentaba, podía ser su cárcel o su libertad.  El sol llegó al mediodía y el páramo se mostró en su hermosa extensión.  La radiante estrella latía y se escuchaban las voces entremezcladas de sus perseguidores o protectores emergiendo de ella.  Desde la apertura central del espejo, se oía el mismo grito de criatura que le escuchara a Ben Jr.   el día de su eliminación.  Patricia lo había amenazado de muerte.  Era el hijo que él no le había dado.  Y también, era el hijo que él le había dado mediante terceros, mediante su propia inteligencia artificialmente condensada en un ser paralelo.  Y él se lo había negado finalmente al aprobar su eliminación.  Había aprobado que la ley ejecutase a ese mestizo.  Miró su reloj de pulsera.  Ahora lo tenía, y también notó que estaba vestido.  3Lena ardía en el suelo como una zarza impregnada de aceite.  El sol y la ventana lo llamaban con fuerza.  Se quedó mirando su reloj pulsera ignorando los gritos mientras repetía robóticamente una frase que había tenido alguna vez como fuente de inspiración.  No recordó de dónde la había sacado, pero su recuerdo lo calmó.  Y empezó: <<I am the Master of my Fate.  I am the Captain of My Soul>><<I am the Master of my Fate.  I am the Captain of My Soul>><<I am the Captain of my Soul>>  Y del sol cercano que lo hervía todo latía una canción al ritmo de su discurso, una canción vieja y desgastada que iba así:

<<I am the Master of my Fate.  I am the Captain of My Soul>>
Dueño de ti, dueño de qué, dueño de nada.
<<I am the Master of my Fate.  I am the Captain of My Soul>>
Un arlequín que hace temblar, tu piel sin alma.

<<I am the Master of my Fate.  I am the Captain of My Soul>>

Dueño del aire y del reflejo de la luna, sobre el agua.